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Análisislunes, 9 de septiembre de 2024

Democracia y Debate / Andy

Nombres y apellidos que de solo nombrarlos causan admiración o incomodidad para quien lo escucha, historias de vida que han logrado mover, motivar, emocionar, generar, construir o destruir vidas, proyectos, ciudades y países enteros.

Casos también en este sentido existen en la academia, en la literatura, en la música, en las artes, hijos, hijas que deciden dedicarse a lo mismo que sus padres, logrando en algunos casos igualar o superar lo hecho por su familia.

Pongamos casos para ilustrar lo que digo, basta decir, Rockefeller, para tener la idea completa, otro apellido puede ser Kennedy, vamos ahora a nuestro país y basta con señalar Cárdenas, para pensar inmediatamente en el general, su hijo y su nieto.

No todos los casos son exitosos, por ejemplo, en las letras Vargas Llosa, solo es él, único e irrepetible, por mejor que su hijo escriba, será el padre insuperable.

El reto de Andy es con el mismo, superar al padre es imposible.

¿Tendrá lo suficiente para dejar de ser Andy para convertirse en Andrés?

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