Exconvento de San Andrés; joya arquitectónica
Ubicado en Epazoyucan, alberga entre sus paredes extraordinarias obras pictóricas
Gustavo Vargas
Dentro de las paredes de este complejo se halla un alfarje, una especie de tapiz del siglo 16 cuyas vigas tienen cerca de trece metros de luz y una de ellas está labrada con representaciones de querubines y motivos florales.
Estas composiciones artísticas presentan cuatro nichos del claustro, entre estos el Eccehomo, La calle de la Amargura, el Calvario y el Descendimiento.
El tema dominante de sus obras es de orden cristológico, lo cual es claramente perceptible a través de las decoraciones de la antigua sacristía, en la se repiten algunos de los temas y se incluyen otros como el Rey de Burlas, el Beso de Judas y la Oración del Huerto.
El convento fue secularizado en 1751, siendo el primer cura Mateo Quiñones, dependiendo en su calidad de parroquia de la vicaría foránea de la Parroquia de la Asunción en Pachuca, del Arzobispado de México.
Para 1901, cuando la parroquia queda adscrita al Obispado de Tulancingo, se realizó una reedificación, momento en el que se llevó a cabo una nueva decoración pictórica en el interior del templo, la cual, fue realizada por Miguel M. Hernández.




























