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Localjueves, 12 de febrero de 2026

Leyendas de Hidalgo: El jinete sin cabeza

La historia cuenta que entre los callejones de la capital un hombre montado a caballo aparece por las noches con un machete en mano

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Fernanda Huerta García

Entre callejones empedrados, faroles tenues y memorias heredadas de generación en generación, una de las historias más inquietantes de la capital hidalguense continúa viva en la tradición popular.

Se trata del relato del jinete decapitado que, según la narrativa local, recorre el antiguo sector minero durante noches de luna llena.

La historia quedó plasmada en el libro Pachuca, narraciones fantásticas, del autor Nicolás Soto Oliver, obra que recopila diversos pasajes del imaginario colectivo de la ciudad.

En sus páginas se describe cómo, desde principios del siglo pasado, vecinos aseguraban escuchar un alarido estremecedor que rompía el silencio poco después de las 23 horas.

En esos puntos, el eco de unos cascos sobre el empedrado anunciaba la cercanía de un caballo oscuro, cuya figura se recortaba bajo la luz lunar. Testigos afirmaban que no se trataba de un galope común, sino de un andar extraño, casi cadencioso, acompañado por chispas que brotaban al contacto con la piedra.

Sobre la montura iba un hombre ataviado como charro, vestido de negro y con machete en mano. El detalle que marcó la memoria colectiva fue que el jinete no tenía cabeza. La silueta avanzaba entre sombras, envuelta en un aire helado que paralizaba a quienes decían presenciar la escena.

De acuerdo con la narración recuperada por Soto Oliver, el origen del suceso estaría ligado a un enfrentamiento por celos. Dos hombres, montados a caballo, se habrían batido en duelo tras descubrir una traición amorosa.

El combate fue descrito como un choque violento de acero y espuelas. Aunque uno de ellos resultó herido de muerte, logró asestar un último golpe que cercenó la cabeza de su adversario. Desde entonces, el cuerpo sin vida quedó condenado a vagar en busca de aquello que perdió.

Hoy, aunque el tránsito y la modernidad han transformado la ciudad, la historia continúa contándose. Y cuando la luna llena ilumina las antiguas calles, todavía hay quienes prefieren no caminar solos después de las 23 horas.

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