Localmartes, 30 de diciembre de 2025
Nanomateriales: ciencia que cambia todo
Investigación en Hidalgo explora cómo materiales diminutos transforman salud, energía y ambiente
Fernanda Huerta García

Desde un grano de oro hasta una batería, un medicamento o un material para construcción, el tamaño importa. Así lo explica Luis Alberto Hernández Hernández, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Humanas y Tecnología, quien desarrolla líneas de investigación en nanomateriales con aplicaciones que van desde la remediación ambiental hasta la medicina y la energía en Hidalgo.
“El nanomaterial no es un material distinto, es el mismo que conocemos, pero llevado a dimensiones muy pequeñas”, señala el investigador. Al reducir su tamaño a la escala nanométrica, explica, “sus propiedades cambian de forma drástica: pueden cambiar de color, de comportamiento eléctrico o adquirir propiedades que no tenían antes”.
Uno de los ejemplos más claros es el oro. “En tamaño convencional lo pensamos para joyería o electrónica, pero cuando lo llevamos a dimensiones de unos 20 nanómetros, puede exhibir comportamientos bactericidas”, detalla. Esta característica, añade, resulta clave frente a uno de los principales retos actuales en salud: la resistencia de bacterias a los antibióticos. “Las bacterias generan mecanismos de defensa frente a los fármacos, pero hasta ahora no se ha observado que desarrollen resistencia frente a nanopartículas”, explica.
Hernández Hernández subraya que las aplicaciones de la nanotecnología son prácticamente transversales. En el ámbito médico, los nanomateriales se emplean tanto para diagnóstico como para terapia. “Hay materiales que permiten detectar proteínas, enzimas o células específicas y que incluso emiten luz para facilitar su identificación”, comenta. En terapia, agrega, “se utilizan para dirigir tratamientos de manera más eficiente, como en el caso del cáncer, o para la regeneración de tejidos dañados”.
En energía, la nanotecnología impulsa el desarrollo de baterías más eficientes y nuevas alternativas al litio. “Se están buscando materiales que permitan almacenar energía de manera más limpia y que sean más fáciles de reciclar”, apunta. También destaca el uso de nanomateriales en paneles solares más delgados y funcionales, “capaces incluso de integrarse en ventanas o fachadas sin perder iluminación natural”.
El sector agrícola y la construcción tampoco quedan fuera. “En agricultura se desarrollan fertilizantes inteligentes que mejoran la absorción de nutrientes y el uso del agua”, explica. Mientras que en infraestructura, “se incorporan nanomateriales para hacer asfaltos y cementos más resistentes a cambios extremos de temperatura y al desgaste”.
Aunque el potencial es amplio, el investigador reconoce que la nanotecnología implica altos costos. “No es una investigación barata, porque requiere equipos muy especializados para fabricar y caracterizar los materiales”, afirma. En aplicaciones biomédicas, además, los protocolos son más rigurosos: “Un desarrollo puede tardar más de una década en llegar al uso clínico”.
“El nanotecnólogo no solo hace electrónica”, aclara. “Trabaja con materiales, entiende sus propiedades y propone soluciones para distintos sectores”. Para el investigador, el reto está en comunicar mejor su alcance y aprovechar su carácter multidisciplinario.