Los sueños y planes truncados de Gabriel Luna Ibarra
“Iba muy bien, lástima que estamos en México”, afirmó su padre.
Catalina Reyes / El Sol Del Bajío
Y tenía hambre de vivir la vida al máximo.
Me veo viajando por todo el mundo, trabajando desde casa, probando comidas nuevas, caminando mucho para llegar a selvas, tomando muchos aviones para llegar a distintos países. Me veo solo en cuartos de hotel y no necesariamente en una casa.
“Ya planté un árbol”, ahora sólo me falta escribir un libro”, publicó en su Instagram junto a un árbol plantado por él, recostado sobre la tierra, el 4 de junio.
Devorador de libros, tenía más de 200
“Nació un 25 de junio. Fue nuestro primer hijo. El demostró ser muy inteligente: desde el kínder. Le gustaba mucho leer cuentos. Uno de sus favoritos era la dama y el vagabundo. Tenía alrededor de 200 libros en la casa.
Era de los niños aplicados que en la escuela siempre obtenía 9 y 10 de calificación, desde el jardín de niños y recientemente, hasta la carrera. “Tengo diplomas desde el primero de primaria”, presume la señora.
Para leer, le gustaba de todo, pero sus preferidos eran los de misterio, incluso compraba colecciones completas de diferentes autores, aunque entre sus preferidos estaban Stephen King, Pablo Coelho.
También el compraron la colección completa de Harry Potter, “Bajo la misma estrella”, que después se filmó como película, y “Mil veces hasta siempre”, entre otros.
Apasionado del deporte
Gabriel Luna Ibarra también era un deportista consumado.
En la Preparatoria Oficial de la UG en Celaya, donde estudió, y luego en el Instituto Tecnológico de Celaya, perteneció a las selecciones oficiales de voleibol.
A un lado del altar donde se han rezado los rosarios en la casa de su tía Norma Angélica Ibarra Cervantes, se colocó un “tendedero” de fotos del recuerdo de varios momentos felices de la vida de Gabriel Luna Ibarra.
Uno de ellos es una imagen donde está brincando, por lo menos medio metro sobre el piso, sobre la red de voleibol durante un partido.
Pero también era sensible. Otra imagen que conserva su familia es de hace dos años, cuando se realizó el encuentro nacional de Institutos Tecnológicos de todo el país, teniendo como sede el de Celaya.
Gabriel está llorando abrazado al hombro de su padre porque su equipo perdió; eran los anfitriones.
Medía 1.90 metros. Últimamente además acudía al gimnasio; era un hombrezote.
Desde ranchero hasta penitente
Las fotografías muestran a un joven muy alegre. En todas, está sonriendo. En la mayoría, está rodeado de sus primos, con quienes convivía mucho en Juventino Rosas. Pasaba mucho tiempo en la casa de tu tía Norma Angélica Ibarra.
Era travieso. Un día se puso bigote y sombrero de ranchero. En dos ocasiones, participó en las representaciones del Vía Crucis en Semana Santa, con todo y túnica.
En muchas, todavía aparece con los lentes de gran aumento que usó casi toda su vida, porque tenía miopía desde pequeño. Apenas iba a cumplir un año de que se había operado y se había quitado los lentes. Se veía guapo.
“Andaba realizado desde que se operó. Le levantó mucho la autoestima. Se sentía realizado desde que se quitó los lentes”, recuerda su tía Norma Angélica Ibarra.
También tocaba la guitarra acústica, la guitarra eléctrica y el ukelele.
Se la pasaba estudiando
Gabriel estudió diseño gráfico dos años en Cortázar, pero no terminó porque no se sintió a gusto. Fue cuando ingresó al Instituto Tecnológico de Celaya a estudiar Ingeniería Industrial, donde ya cursaba el noveno semestre.
Pero no era lo único que estudiaba. Desde pequeño, en el Colegio Alfonso Reyes, la escuela particular en donde cursó desde jardín de niños hasta secundaria, aprendió inglés básico. Pero él siguió estudiándolo hasta el último día.
Sus padres fueron ayer al cuarto que rentaba en Celaya, a recoger sus cosas. Ahí su padre encontró los documentos con los cuales estaba haciendo los trámites para titularse como maestro de inglés.
“Estaba yendo los sábados a una escuela en Salamanca. Lo que él quería era dar clases de Inglés para mantener su carrera”, señala su padre.
Y no sólo eso, en la galería de fotos, hay una de él en el desierto en Perú, a donde fue hace tiempo a impartir clases de inglés.
Era miembro de la AIESEC, una organización global, sin fines de lucro, formada por jóvenes de entre 18 y 29 años de todo el mundo. Sus miembros están principalmente interesados en temas globales, interculturalidad, liderazgo y emprendimiento.
Como tal, traía a la casa de sus padres a estudiantes de otros países, como parte de los intercambios.
Evidentemente, Gabriel se veía viajando por todo el mundo.





























