En los espacios donde cotidianamente hay vida pública o social -como los mercados-, no faltan personajes con alguna particularidad especial, incluso queridos y protegidos por el resto comunitario, aun, su situación se considere de desamparo.
En esta primera visita al suelo de nuestro origen, ambos coincidimos en almorzar birria de con Don Manuel Olivares, un platillo típico en el mercado Hidalgo; en el local se lee un anuncio de apertura desde 1949 (75 años preparando la extraordinaria birria).
Tobías es una persona invidente (probablemente de nacimiento) que ha dedicado su vida a tocar un acordeón musical; ameniza con alguna melodía a los comensales en los diferentes puestos de alimentación con el fin es obtener algunas monedas para su subsistencia.
En espacios públicos donde se hace vida social, se construye identidad cultural, se conservan tradiciones propias de los habitantes del sitio; en esos lugares, se instituye comunidad; allí, justo en esos espacios de socialización, es donde se crean lasos de fraternidad, identidad, amistad, compadrazgos, entendimiento, protección, solidaridad, se habitúa a la cultura del esfuerzo con un de beneficio colectivo; es decir, es un espacio hasta cierto punto amable, es donde realmente se puede hacer familia ya que tienen intereses comunes que cotidianamente liderean desafían y resuelven. Lo más importante, florece la UNIDAD.
En esas congregaciones se participa con idénticas necesidades, fortalezas, ideas o beneficios comunes, pretenden intereses similares como: conservar una estabilidad holgada de subsistencia, un modo digno de vida, asegurar un bienestar, bien ser y bien hacer en comunidad, integridad grupal, entre otros.
Excepcionalmente algún miembro de esas comunidades: de comerciantes, deportivas, productivas, artesanales, culturales, artísticas o simplemente de convivencia de la colonia (barrio), emergen miembro de la misma que les define el carácter o temple en búsqueda de prosperidades individual y colectiva, cuando menos así lo ha de presuponer el resto de integrantes de la comunidad.
Fresnillo, como muchos lugares de nuestro país, se precia por sus particularidades pintorescas de convivencia muy sui géneris a su idiosincrasia. La demarcación a la que me referiré forma parte de un recuerdo personal (anécdota); geográficamente se encuentra en el estado de Zacatecas, se le reconoce entre los tres municipios más importantes de la entidad; sea por su economía, competitividad productiva, extensión demográfica o por el arrojo de muchos de sus habitantes.
Fresnillo se caracteriza por su gastronomía popular; uno de ellos, el mercado Hidalgo, ubicado en el mero centro de la ciudad, donde se puede degustar placenteramente antojitos de platillos regionales y de tradición que aún se siguen elaborando con la misma sazón culinaria desde hace más de seis décadas.
Esos puntos (mercados) han prolongado su servicio de ventas alimenticias particularmente por miembros de las mismas familias por más de tres o cuatro generaciones. Que decir de: esa exquisita birria de borrego elaborada por la familia Olivares; las gorditas elaboradas a mano rellenas guisos varios ofrecidas por la familia de la señora Cruz; el menudo que originalmente elaboraba y servía Doña Angelita; los quesos frescos tipo ranchero y cremería de Lupe; las extraordinarias tortas de carnitas, chorizo y combinadas de la lonchería la Ideal de Don Toño Rodarte; los inigualables taquitos, enchiladas y gorditas doradas en comal elaboradas por los hermanos Josué y Pera; la birria servida por la familia Mendoza, la comida corrida que se sirve por familias que se mantienen firmes en brindar el mejor servicio al pueblo y tantos alimentos que desde siempre se han distinguido por la suculenta y especial elaboración; para complementar las visitas a estos centros donde se convive la algarabía popular de los fresnillenses, no faltan los postres de exquisitas gelatinas bicolor combinadas con un toque de rompope único de la receta de la Familia Sánchez o los famosos tanquecitos rellenos de crema y piña.
Recientemente, un amigo y excompañero estudiante de la secundaria federal Licenciado Benito Juárez no.1 de la tierra natal, Víctor Ovalle y yo decidimos hacer una visita, para recordar in situ donde habíamos pasado nuestra infancia, adolescencia y parte de nuestra juventud. Aunque fue una visita fugaz, la considere conmovedora ya que me anclo a gratos recuerdos.
La familia de Víctor, al igual que la mía se dedicaba al comercio de productos de consumo; la de él, a la venta de cebolla, chile, jitomate, papa, lechuga, frijol, frutas de la temporada, etc.); nosotros, contábamos con un puesto de venta de aguas frescas de fruta (realmente siempre fueron de: piña, limón, Jamaica y arroz, cebada o avena).
Justo al estar sentados en espera de nuestro platillo de birria pasaba detrás de nosotros, Tobías el del acordeón (instrumento de música), pasaba a espadas donde sentados nos disponíamos almorzar, quien se detuvo unos instantes para dialogar; lo que me hizo recordar con claridad que mi padre le tenía estima especial a Tobías; esa, era una cualidad de Don Felipe Monreal, construir amistades. El recuerdo, de esa amistad con Tobías la tengo muy presente porque a pesar de las ya imaginadas ocupaciones que pudo haber tenido mi padre (la responsabilidad del cuidado de catorce hijas e hijos), sin tener respaldo de su esposa (hacía tiempo que había fallecido mamá), dedicó tiempo para atender al invitado Tobías y su familia (esposa e hijos), a comer a casa.
El haber vuelto a ver y conversar con Tobías después de casi cuatro décadas, me trajo varios recuerdos reflexionando lo que ha sido nuestra vida por más de medio siglo, recordé a muchos personajes de aquellos años de la vida cotidiana del mercado; muchos se han adelantado, como papá. Me dio alegría que Tobías recordara con afecto a su amigo Felipe, platicamos brevemente de otras anécdotas vividas.
Probablemente; Tobías, poco ha de saber del legendario filosofo del siglo I A.C., Epicuro y su legado filosófico; pero estoy seguro que tiene la firme convicción de que para vivir no hace falta una gran cantidad de posesiones materiales y que, lo más importante debe estar en su mente: alcanzar la serenidad de espíritu.