Envuelta en una leyenda que combina un arriero, una mula misteriosa y una caja jamás reclamada, esta advocación se convirtió en el símbolo religioso más representativo de Oaxaca desde el siglo XVII. Su corona, de dos kilos de oro y 600 diamantes, la sitúa entre las imágenes marianas más valiosas del continente.
Ocurridas en plena Primera Guerra Mundial, las apariciones marianas de Fátima, Portugal, se convirtieron en una de las devociones más estudiadas (y más politizadas) del catolicismo contemporáneo