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Análisismiércoles, 14 de enero de 2026

¿Y el IMPLAN?

Hasta ahí, el tema ya es conocido, lo verdaderamente preocupante no es solo la obra mal planeada y peor ejecutada, sino la cadena de omisiones, silencios y evasivas institucionales que la rodean.

Y es aquí donde surge la pregunta inevitable: ¿para qué existe el Instituto Municipal de Planeación si, cuando los planes de ordenamiento urbano son claramente ignorados, su postura es callar?

El IMPLAN debería ser una de las voces más firmes cuando se vulnera el diseño urbano, la movilidad peatonal y el respeto al espacio público. Su razón de ser es planear, ordenar, prever.

Sin embargo, ante una obra que contradice cualquier lógica de accesibilidad y planeación, su directora decide no decir nada.

Resulta revelador que sean los comerciantes quienes expliquen los alcances y el posible rumbo de una obra pública, mientras las instancias competentes prefieren no decir nada.

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