La ayuda al prójimo no es en vano
Sor Inés tiene 65 años de religiosa, estuvo de misionera en África y fue consejera-encargada de las misiones en el extranjero en Italia, ahora sirve en el Asilo de Ancianos La Inmaculada
Juan Carlos Ramírez / El Sol de Mazatlán
Ahora aconseja a quienes sienten ese mismo llamado de servir a Dios desde su juventud que vale la pena darle a Dios la vida porque en él todo trae recompensa, a pesar de las dificultades, necesidades y pruebas que esto implica.
Su nombre secular es Inés Quintana Gómez, ella tenía 15 años cuando recibió el llamado de parte de Dios para servir al prójimo, y no le importó dejar familia, amigos y comodidades.
Es originaria de Chihuahua y tiene 65 años de religiosa en la congregación de las Hermanas Siervas de los Pobres, fundada en Palermo, Italia, en 1880, pero con comunidades en diferentes partes del mundo.
La primera vez que vino a Mazatlán, estuvo por dos años asistiendo el asilo La Inmaculada, en una segunda ocasión lo hizo por seis meses y en el presente acaba de cumplir tres meses de estancia y servicio.
En África apoyó en diversas actividades de servicio y formación, pues en la comunidad del Congo donde radicó por 13 años, había áreas de maternidad, dispensario, orfanatorio para niños y asilo para ancianos sin familiares.
RESPETO A LOS ANCIANOS
De su experiencia en el continente africano, Sor Inés recuerda al pueblo congoleño como muy acogedor, alegre y respetuoso de los ancianos, donde aprendió sobre todo a respetar a los demás, principalmente al necesitado.
Y concluye que el trato que una sociedad le da a los ancianos, habla mucho de su cultura, de ahí que México tiene mucho que aprender de esos usos y costumbres.
Aclara que allá, los ancianos que se encuentran en los asilos no es porque no los quieran en sus casas o que no los pueda atender la familia, sino son aquellos que se quedaron sin familia por no haber podido engendrar hijos.
Lamenta que aquí en México, los mismos familiares sean los que a veces llevan a los ancianos y los abandonan a la buena de Dios, en las puertas de los asilos, sin previo aviso y a la intemperie.
Comenta que hay una necesidad urgente en el mundo, ya que la población está envejeciendo, donde cada vez es menos la juventud y más las personas de la tercera edad, mientras que los recursos para cubrir las funciones de vejez o de retiro, disminuyen.
“Nuestro país no es ajeno a ese problema, ya se nos está presentando aquí en México, los adultos mayores somos más, porque yo me sumo a ese rango de personas, y naturalmente las necesidades que se presentan van aumentando”, indicó.
¿QUÉ HACER?
Sor Inés asegura que a esta situación hay que hacerle frente no solo como sociedad, sino también en lo familiar y en lo individual, que el tiempo es corto y requiere de diligencia y de acciones.
Hay que recuperar, agregó, la historia oral de las personas mayores, que ese legado se transmita a las nuevas generaciones y no se pierda ante la falta de atención hacia ellos.
CIFRA
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