Votar es un acto educador
El ejercicio de nuestro derecho a sufragar puede ser una demostración de sumisión, de coacción, de indolencia y hasta de pragmatismo o un acto transformador, revolucionario, que modifica nuestro destino colectivo e individual.
No votar en forma alguna puede ser visto como un hecho contestatario, anti sistémico o rebelde; es más bien pasivo, anómico, sumiso, irresponsable e indolente con el futuro propio y el de la patria misma.
Votemos, elijamos; aun siendo nuestra postura política parte de una agenda minoritaria, sufraguemos: no desdeñemos el poder de los efectos “mariposa”.
Votar es un acto revolucionario y visionario, porque sirve para romper inercias, para acabar con el statu quo y también para generar transformaciones sociales. Así también, se arrostra y evalúa al poder establecido desde la Fuenteovejuna que constituye una urna.
En este momento de nuestro país, se tomarán grandes decisiones, las cuales impactarán el futuro de más de 130 millones de personas.
En amplios sectores poblacionales, especialmente entre los más marginados, la discusión entre lo urgente, lo importante y lo verdaderamente trascendente fue relevada por la obtención de lo inmediato, por atender lo intempestivo, lo conductual: recibir dádivas o apoyos.
Si bien, en esta campaña se hizo un esfuerzo por poner los temas torales sobre la mesa: educación, primera infancia, salud pública entre otros, la coyuntura nos alcanzó.
Sin embargo, este periodo de veda electoral justamente nos sirve para reflexionar nuestro voto, para concretar nuestra decisión y que, este próximo domingo se acuda a las urnas.
Formar nuestro criterio para votar es parte de nuestra formación continua como ciudadanos. A la vez, votar, por supuesto, es educador en la medida en la cual se pone el ejemplo a nuestros hijos respecto al cumplimiento de un altísimo deber cívico.
*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.
