Y, finalmente, al no haberse hablado a fondo de educación, considero además de decepcionante, ausente de respeto hacia la inteligencia del auditorio el nivel de propuestas presentadas.
Merecemos un mejor gobierno, mejores debates y propuestas comprometidas de solución. Por eso decimos que, la educación está en campaña.
*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.
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Michoacán ha participado en dos evaluaciones diagnósticas en los últimos años; anteriormente no se contaban con datos certeros para saber el panorama educativo en las aulas
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Este domingo atestiguamos la ausencia de debate respecto al ámbito educativo. Los derechos educativos apenas si merecieron menciones aisladas, mientras que la diatriba, la divagación, los recursos facilones y las propuestas desvinculadas de la realidad ignoraron la problemática de uno de los asuntos públicos más dolorosos que existen en la nación.
Si bien, las personas que aspiran a gobernar México exhibieron su falta de preparación para hacer realidad los derechos educativos de las niñas, niños y jóvenes de la nación, los sueños y las aspiraciones de las generaciones en formación fueron los grandes perdedores de este debate en el que hubo de todo, excepto educación.
En Mexicanos Primero realizamos un análisis de la distribución del tiempo dedicado a hablar de educación. Siendo profundamente generosos, en el mejor de los casos se dedicaron 11 de 120 minutos para tocar el tema. Es decir, apenas el 9 por ciento del valioso recurso disponible.
Como se evidenció durante el debate, el tiempo que debió ser empleado para presentar propuestas, planes y proyectos para generar un mejor porvenir para las niñas, niños y jóvenes desde el sector educativo nacional, fue miserablemente utilizado para denostaciones, reclamos, acusaciones y calumnias.
Esto implica que, una vez más, el espacio educativo fue empleado como escenario de batalla y, los sucesos del ayer, como arietes para arremeter contra los adversarios políticos, en lugar de construir sobre lo derruido. La esperanza de conocer soluciones integrales, innovadoras y comprometidas para los inmensos problemas del sector educativo una vez más recibió un desplante de soberbia y adulto centrismo. La ilusión se esfumó con fugacidad al atestiguar la banalidad, el desdén y la centralidad de dirimir rencillas como si eso representara votos.
Pudimos presenciar que, las personas que aspiran a gobernar la decimoquinta economía más grande del planeta, a más de ciento treinta millones de mexicanos se resisten a opinar a fondo respecto a las medidas que se requieren para mejorar la vivencia de derechos educativos para las niñas, niños y jóvenes: a estar, a aprender y a participar en las escuelas, bajo los atributos constitucionales de universalidad, inclusividad, gratuidad, laicidad y excelencia.
Solamente esbozaron algunos barruntos de política pública, ideas aisladas como la de Xóchitl, respecto a la implementación de los váuchers electrónicos, que, en materia de salud expuso, para garantizar atención por vía pública o privada, pero cuya instrumentación en materia educativa sería prácticamente inmediata. Lo anterior, aunándose a su alusión respecto a transferir recursos públicos a instituciones educativas privadas, quedó clara su postura friedmaniana.
Una vez más cuando se habla de innovación educativa, la remisión inmediata es hacia las tabletas, laptops, inglés, computación, robótica y tecnología para las escuelas… que no tienen baños, drenaje, agua, tinacos, techumbres, butacas, aires acondicionados, Internet, ni desayunos, comidas escolares, ni seguridad pública.
Esa obsesión en gastar dinero en el sector educativo cuando no están garantizados los factores mínimos indispensables para que existan condiciones dignas y decorosas para que el aprendizaje, la convivencia, la asistencia y la participación sucedan, solamente despierta sospechas respecto a posibles ganancias, beneficios, privilegios o negocios que, por enésima ocasión se busquen encunar bajo el cobijo de programas educativos. En el análisis de la política educativa que desde 2009 a la fecha hemos realizado, se ha aprendido por la mala en este país que, si las propuestas no tienen correlación trazable con la mejora de los indicadores educativos, entonces hay que seguirle la pista al dinero.
Debatir sin educación no solamente es insultarse y acusarse en vacío: también es ignorar la obligación consustancial a la aceptación de la candidatura de presentar propuestas de solución a la problemática nacional. Porque, el auditorio potencial del ejercicio organizado por el INE es un universo de 130 millones de mexicanos.
Es de exigirse que se recomponga la plana, que se rectifique. Nobleza obliga a hacer la tarea, aunque sea a destiempo: que se promueva la realización de un debate exclusivo sobre educación, así como la presentación de planes maestros por parte de las tres fuerzas políticas contendientes, donde detallen soluciones integrales para la complejísima y arraigada problemática educativa, vinculadas a metas, presupuesto, plazos, a indicadores y a la vivencia de derechos educativos para las niñas, niños y jóvenes en México.
Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles