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Localjueves, 23 de septiembre de 2021

Michoacán: una comunidad en armas para plantar plátanos

Después de sufrir durante años las extorsiones de Los Caballeros Templarios, los habitantes de Coahuayana ahora enfrentan la llegada del CJNG

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Heriberto Paredes

Antes de enero de 2014, Héctor Zepeda era mecánico en Coahuayana, un municipio michoacano de unos 7,000 habitantes en la frontera con Colima. Los Caballeros Templarios asesinaron a su hermano Julio. Entonces agarró un fusil. Hoy todos lo conocen como Teto, el comandante de la policía comunitaria.

La diferencia entre estos dos escenarios, dice Hugo González, ha sido la organización comunitaria y la creación de su propia policía. “Tuvimos que unirnos como pueblo y enfrentarnos, pero el gobierno nunca ha hecho nada para detener la inseguridad. Ni un machete, ni una pala. Nada”.

Vivir del trabajo de todos

La historia reciente de Coahuayana, como la de otros municipios de Michoacán, no se puede explicar sin la dinámica de violencia que comenzó hace más de una década entre la sucesión de grupos armados que prometían la liberación de los pueblos para acabar oprimiéndolos y extrayendo la riqueza del territorio. E

El gobierno criminal de La Familia Michoacana o Los Caballeros Templarios, siempre en contubernio con las autoridades, llegó al punto de construir carreteras en una región que conecta dos puertos fundamentales, Manzanillo y Lázaro Cárdenas, para actividades ilegales como el tráfico de drogas y armas o el trasiego de precursores químicos.

Entre 2013 y 2014 surgieron diversos grupos de personas armadas originarias de las poblaciones controladas por el crimen organizado para enfrentarlo.

A pesar del éxito, del sacrificio, del vínculo que pueda existir entre la sociedad civil de Coahuayana y la policía comunitaria, la solución tiene que ser pública, no puede ser a largo plazo una solución privada y nadie de los actores locales pide otra cosa que el regreso de las instituciones civiles de confianza”.

De esos años, a los dos se les han quedado grabadas las desapariciones, que cifran en alrededor de 35, y los asesinatos por no pagar “cuotas” de 20,000 o 30,000 pesos.

El mal negocio de la corrupción

“El riesgo”, dice Romain Lecour, de México Evalúa, “es que se nos olviden los ciudadanos de a pie y que se cree una forma de solución muy militarizada. Al final, el ciudadano termina viviendo en un contexto en que lo importante son las armas. Es fundamental el regreso a una solución pública, civil e institucional”.

El trabajo de los comunitarios cuesta a la semana, más o menos, 130.000 pesos, y nosotros como productores plataneros aportamos voluntariamente una parte, pero lo otro son donaciones de la gente”. “Hay que ser agradecidos con la gente que nos cuida, ellos podrían irse, pero nos cuidan a todos”, dice.

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