Voces | Polvo
El espíritu de esos días también se levanta triste, con densas e inexplicables tristezas; la jornada nos parece dura, muy dura; interminable el intervalo que nos separa del sueño.
La fe antigua que radica en el sentimiento se enfunde en la desesperación como una luz blanca a una luz roja. Entonces se reza y se peca, cometiendo el solo pecado irremediable, porque es el solo que estanca para siempre la vida, palestra única del merecimiento.
¿No llamaba acaso, con voz de suprema angustia, a las puertas de la misericordia? ¿No esperaba acaso el milagro de un alborear de la alegría y del consuelo en el caos de su pobre espíritu conturbado?
Más no floreció el alba.
Continúo encarnizada la noche, impenetrable a las saetas divinas de la luz celestial, y la tragedia fue consumada irreparablemente.












