A PUERTA CERRADA / Julio Huerta, de ingrato destino
Casi todos le dijeron que sí, muchos incluso a regañadientes. Se alinearon con el candidato supuestamente oficial, que además era titular de Gobernación, para no sufrir represalias.
Cuando Mier Velazco o alguno de sus representantes iba a pedir apoyo para su causa, la respuesta era que no, porque no podían contrariar a Huerta, o que sí, pero en secreto, en la intimidad, donde la ayuda no sirve de nada.
A la larga esa operación política sirvió de contención para Ignacio Mier, que no pudo disponer del andamiaje institucional de los ayuntamientos para robustecer su imagen entre los eventuales electores. El desenlace ya es historia.
Eso lo logró Julio Huerta, que hoy padece un eterno invierno en su asiento del reluciente y nuevo Congreso.
@jorgerdzc
















