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Análisislunes, 5 de enero de 2026

Venezuela ¿Libre?

La acción y la fecha en la detención del infame Nicolás Maduro resultó sin duda una sorpresa, la estrategia que de fondo hay en esta riesgosa medida, no lo es.

El gobierno de los Estados Unidos anunció desde el retorno de Trump a la Casa Blanca que iba tras el líder de la dictadura venezolana por representar un riesgo probado para los norteamericanos por la carga criminal que significa el cartel de los soles.

Al cabo de los meses, el gobierno trumpista y el partido en el poder no solo advirtieron en repetidas ocasiones la acción que llegaría en caso de que Maduro se negara a entregar el gobierno de esa nación.

A pesar de todos los mensajes, Nicolás Maduro decidió subestimar los llamados norteamericanos a su dimisión y desde este fin de semana, duerme al igual que su esposa, en una prisión de alta seguridad en el estado de Nueva York.

El primer apunte a reflexionar es el mensaje emitido en conferencia de medios por el propio mandatario de la unión americana al afirmar que EEUU “gobernará” a Venezuela hasta que existan las garantías suficientes para devolver el poder a los venezolanos.

Hasta ahora queda poco claro lo que este anuncio hecho por el presidente estadounidense puede significar para la soberanía y libertad de millones de seres humanos sometidos por décadas a las atrocidades de un régimen dictatorial.

La constitución de este país sudamericano contempla, como en casi todas las naciones soberanas, un escenario legal en caso de una ausencia total de su líder, presidente, mandatario o jefe del poder ejecutivo.

Venezuela, en este caso y según su constitución, debe llamar a elecciones extraordinarias para que sean los propios habitantes los que decidan el destino de su país.

Y aún más.

Es indiscutible que el mundo transiciona por momentos de alto riesgo, por escenarios donde las libertades y las democracias son amenazadas de manera insistente por la creciente política perversa, por la ilegalidad y hasta por el crimen en sus múltiples expresiones.

Sin embargo, la libertad es y será siempre una condición humana que no puede ni debe estar sometida a criterios ajenos o escenarios donde los intereses no sean los de su defensa legítima e incondicional.

El mundo y muchas naciones necesitan recuperar de manera indiscutible el control de sus democracias y de sus decisiones, pero se debe tener cuidado extremo en alcanzar esa condición sin poner en riesgo la libertad ni la soberanía de su gente.

De nada sirve a los sometidos ser rescatados del tirano si no pueden decidir sobre su destino. La ayuda externa debe ser siempre valorada con gratitud pero también con esa determinación que muestran quienes se saben obligados a ser responsables de su propio futuro.

Lo que sucede en Venezuela no puede soslayarse por nadie y menos por los mexicanos, es una dolorosa lección que aún no termina y un atento aviso para todos los que compartimos este continente, para todos.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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