¿Cómo era entrevistar a Fernando Valenzuela?
Nuestro otrora editor de deportes nos abre un capítulo muy especial de su vida en el diamante, del día que conoció al Toro de los Dodgers
J.L. Hermida Uscanga / El Sol de Puebla
Parecía el final, de un lanzador de un brazo fuerte, que acostumbraba en la mayor parte de sus aperturas de ir más allá de la quinta entrada o completar las nueve entradas, como los beisbolistas de antaño.
Máxime, que Fernando, apenas el 29 de junio de 1990, su último con los Dodgers, había agregado un logro más en su prodigiosa carrera al lanzar el primer doble cero para un lanzador mexicano, contra los Cardenales de San Luis.
Fernando esperó la llamada de otro equipo de Grandes Ligas, y a pesar de los esfuerzos de su representante Tony de Marco, nunca llegó una oferta.
Para esos tiempos, después de la marcha de los Ángeles Negros a Guadalajara a finales de 1987 para convertirse de manera efímera en Charros de Jalisco, la ciudad de Puebla no tenía equipo profesional.
Era lógico que no veríamos a Fernando en acción, pero el destino nos tenía preparada una gran jugada.
Estando de vacaciones en el mes de mayo en nuestro querido estado de Veracruz, los Charros de Jalisco con todo y Valenzuela fueron de visita al puerto para enfrentar al Águila de Veracruz.
De marcha al encuentro con Fernando
Llegué al estadio del Águila, ingresé por el lado de la caseta de primera base, y junto con Juan de Dios nos metimos de plano al nido de los Charros.
Fernando estaba haciendo sus prácticas en la zona de los jardines, y esperé pacientemente.
Dios me puso en el camino al “Zandokan”, batboy de los Charros, y a quien conocía haciendo la misma labor con los Ángeles Negros.
Le respondí “vengo con la intención de entrevista al “Toro” ¿se podrá?”, cuestioné.
“No te preocupes, ahorita le digo, cuenta con ello”, me ripostó.
Cuando llegó Valenzuela a la caseta, “Zandokan” lo abordó. Le explicó la petición, un amigo de El Sol de Puebla quiere entrevistarte, y gustoso Fernando asentó con la cabeza.
Se hizo la presentación, nuestro gran ídolo estaba frente a nosotros.
“¿Cuándo quieres la entrevista?”, me cuestionó. “Ahorita, si se puede o cuando tú digas”, le comenté.
“¡Donde?”, volvió a cuestionar. “Donde tu digas”, volví a responder.
“Pues aquí mismo”, dijo.
Nos sentamos sobre los escalones, y ahí comencé la entrevista con la gran ex estrella de los Dodgers.
Así ya cambió la cosa.
“Lo que te puedo decir es que no vengo por dinero, vengo a demostrar que todavía puedo lanzar y mi intención es volver a lanzar en Grandes Ligas”.
Ahí estaba la carnita.
Como fue exclusiva, regresé a Puebla, y todavía esperé unos días para publicarla.
Valenzuela retomó el camino de Grandes Ligas
Y vaya que cumplió, al fin y al cabo, con 31 años, aunque ya con el brazo un poco lastimado y cansado por tanto trabajo, Valenzuela volvió en 1993 con los Orioles de Baltimore.
Para 1994 regresó de nuevo con los Charros, su última en Liga Mexicana, para firmar una campaña de 10 triunfos y 3 derrotas y ganarse otro regreso a Grandes Ligas.
Así, el ilustre 34 con los Dodgers -que también usó el 36 y 33 con los otros equipos-, acrecentaba su leyenda y dejaba un enorme legado en la mejor pelota del mundo.