Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito. Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo como suceden.
Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos. Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona y yo así también aprendí. Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar. No tenemos que hacerlo.
No debemos tener tanto miedo a la gente. Son gente como nosotros.
La próxima semana seguiremos con este tema, acerca de cómo reaccionamos dependiendo de las acciones de los demás y que no debemos tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima.
El esposo de Marcela Mistrel desmintió que el influencer Paulo Chavira, conocido por ser amigo cercano del boxeador Saúl El Canelo Álvarez, estuviera invitado
La cantante española ajusta cuentas con el pasado y presenta un álbum donde finalmente toma el volante y confiesa por qué le costó tanto perdonar la “no despedida” del grupo español
El hermano del youtuber Juan de Dios Pantoja fue señalado por las influencers Marianne Gonzaga y Danna Larrañaga por pedirles fotografías en ropa interior de Victoria’s Secret
¿Gastas demasiado tiempo reaccionando ante alguien o ante algo en tu entorno? ¿Quién o qué? ¿Cómo estás reaccionando? ¿Te gusta vivir así? ¿Es así como te gustaría comportarte o sentirte si tuvieras la posibilidad de elegir? ¿Habrá otra manera de vivir? Sigue leyendo.
Retomando el tema de la codependencia que hemos revisado durante algunas semanas, vamos hoy a platicar sobre cómo reaccionamos ante las circunstancias que vamos experimentando todos los días, con las personas que convivimos, a las vidas, deseos, problemas, fracasos y éxitos, así como a la personalidad de otras personas, sobre todo, cuando funcionamos de manera codependiente, o sea, cuando dejamos que las emociones, actitudes, formas de pensar de los demás nos afecten a nosotros, como si el otro fuera yo, y como si su vida fuera la mía, cuando en realidad todos somos seres individuales, con la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra vida, no de la de los demás.
La mayoría de los codependientes somos reaccionarios. Reaccionamos con ira, culpa, vergüenza, odio a nosotros mismos, preocupación, sentimientos heridos, gestos controladores, acciones solícitas, depresión, frustración, desesperación y furia. Reaccionamos con miedo y ansiedad. Es normal reaccionar y responder a nuestro medio ambiente, es parte de la vida, pero en la codependencia, nos permitimos irritarnos tanto y distraernos tanto, pequeñeces o cosas mayores, lo que sea, tiene el poder de descarrillarnos, y la respuesta que tenemos ante esas circunstancias, no es siempre la más conveniente para nosotros.
El responder urgente y compulsivamente es suficiente para herirnos, es estar en un estado de crisis, fluyendo la adrenalina y listos para reaccionar ante emergencias que generalmente no son tales. Alguien hace algo, de modo que nosotros debemos hacer algo a la vez, alguien se siente de determinada manera, creemos que nosotros debemos sentirnos de otra determinada manera, o igual como el otro se sintió. Eso es codependencia.
Reaccionamos con el primer sentimiento que se nos atraviesa, enojo, tristeza, miedo, ira, o cual sea, decimos lo primero que se nos viene la lengua y luego nos arrepentimos, o herimos o la otra persona y después entra un sentimiento de culpa tremendo, hacemos lo primero que se viene a la mente y al corazón sin pensarlo, eso es reaccionar, es no pensar lo que necesitamos hacer y cómo queremos manejar la situación para resolverla, son nuestras emociones disparadas por cualquier persona o cosa en el entorno. Indirectamente si yo funciono así, es como si permitiera que las demás personas nos digan qué hacer, eso significa que hemos perdido el control, que somos como unas marionetas, que estamos siendo controlados.+
Cuando hacemos esto, olvidamos a nuestro poder personal, dado por Dios, para pensar, sentir y actuar de acuerdo con nuestro mejor interés. Es permitir que otros determinen cuando nos sentiremos felices, cuando nos sentiremos en paz, cuando nos sentiremos irritados, y qué es lo que diremos, haremos, pensaremos y sentiremos. Nos dejamos arrastrar por cualquier viento.
Cuando nos dejamos llevar por las emociones, y no usamos nuestra facultad de pensar y razonar, rara vez podemos hacer lo adecuado para resolver las situaciones, pero ¿por qué lo hacemos? Reaccionamos porque estamos ansiosos y temerosos de lo que está sucediendo, de lo que podría suceder y de lo que ha sucedido.
No tenemos que perder nuestra paz y armonía, no sirve de nada, disponemos de los mismos recursos y hechos cuando estamos en paz, que cuando estamos en estados frenéticos y caóticos, porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial. No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Y tampoco eso se requiere de nosotros hacia los otros.
No tenemos que tomar las cosas tan a pecho, con tanta sensibilidad y sentimentalismo. Sacamos las cosas de toda proporción, nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y errores. Hacemos lo mismo con los de las demás personas, nos decimos a nosotros mismos que las cosas son temibles, terribles, una tragedia y el fin del mundo, tenemos miedo, y el miedo lo que provoca es que malforme las situaciones, las deforme, las exagere y ya no pueda ver con objetividad para resolverlas.
Muchas cosas pueden ser tristes, muy malas y desagradables, pero lo único que es el fin del mundo, es el fin del mundo. Los sentimientos son importantes, pero solo son sentimientos y con los sentimientos no podemos resolver, tenemos que resolver también con nuestro pensar y hacer correcto. Igual que los pensamientos, sólo son pensamientos y están sujetos a cambio.