Lucrecio y su vermut
Prodigio de las letras y amante de Rembrandt
Redacción
Ayer conocí a alguien.
Habíamos bebido un par de vermuts y, con voz roca por tanto tabaco, recuerdo que me dijo:
“Amigo mío, trata de vivir al momento, sin remordimiento, y solo habla con la gente si realmente necesitas hacerlo.”
Yo le pregunté qué hacía hablando conmigo.
Y dicho y hecho. No sé si fue el alcohol, aquel hombre o mi imaginación. Pero con él aprendí a ver pinturas en la música, música en la poesía y versos en las pinturas.
Esa noche me di cuenta de que, lo que el mundo necesita son guerras de cosquillas, hambre de paz y leyes que prohíban la ignorancia. Que la gente debería abrazar y no atacar; dialogar y no maldecir; pensar y no hablar de más; observar, pero sin dejar de actuar.
Ayer conocí a un total bohemio. Que era sin saber quién era, sentía sin saber qué quería y se buscaba a sí mismo en silencio, mientras hablaban las multitudes ostentosas.






















