Incendio arrasó con templo de San Francisco de Asís en Zacatlán | Archivo Rojo
En 1960, fieles trataron de sofocar las llamas que consumieron el inmueble que data del Siglo XVI
Martha Cuaya
Con cubetas en mano y cualquier objeto que sirviera para almacenar agua, los ciudadanos corrieron hacia el sitio para mitigar las llamas, pues temían por las imágenes y santos que ahí se encontraban.
De acuerdo con los testigos, las llamas se originaron en la capilla y se propagaron a toda la estructura del inmueble, por lo que al haber puertas y otros objetos de madera, el fuego avanzó de manera acelerada.
Los pobladores temían que el incendio alcanzara una escuela secundaria cercana al convento. Al sitio llegaron pipas de agua, sin embargo, los esfuerzos fueron en vano, ya que no pudieron controlar la situación.
Llamaron a los bomberos
Aun cuando los habitantes hicieron hasta lo imposible por mitigar las llamas, no lo lograron y llamaron a los bomberos de Puebla y del municipio de Tulancingo, Hidalgo, pues que temían por los demás inmuebles cercanos.
Fue con ayuda de los bomberos hidalguenses, quienes estaban a cargo del comandante Adolfo Ortega, como se logró sofocar las llamas alrededor de las 3:30 horas del 24 de octubre de 1960.
Al cesar el fuego, se observó el grave daño, pues el inmueble había sido consumido por el fuego y estaba completamente destruido.
Ya se habían registrado tres incendios en el convento
En el Convento que tenía techos planos de vigas que databan del Siglo XVI y era uno de los pocos monumentos coloniales de este tipo, ya se habían registrado otros tres incendios; uno de estos fue en 1917.
Sin embargo, en dicha conflagración, el lugar no quedó con graves daños como el ocurrido en 1960.
Debido a este acontecimiento, el entonces gobernador del estado de Puebla, Fausto M. Ortega, acudió al municipio para evaluar las afectaciones registradas en este templo de índole católica.
Amantes de lo ajeno se aprovecharon de la situación
El incendio fue aprovechado los amantes de lo ajeno, quienes se hicieron pasar por católicos que querían resguardar las piezas que había dentro del Convento y se las robaron.
Fue en grupos como la gente ingresó al templo y se llevó imágenes, candelabros, cuadros u otros implementos de servicio de la iglesia. Se preocuparon por preservar lo que pudieran, no obstante, hubo quienes no lo hicieron por buena fe.
Los ladrones sustrajeron objetos de incalculable valor, no solo por el material de que estaban hechos, sino también por su antigüedad y calidad artística.
En ese entonces, el sacerdote José Ignacio Cortés señaló que las pérdidas eran innumerables, pues al estar en el templo de San Francisco de Asís llevaban consigo un valor histórico difícil de igualar.





























