Localdomingo, 12 de octubre de 2025
Lavaderos públicos, un espacio que sobrevive
En Ojo de Agua existe un lugar de este tipo con más de 50 años de antigüedad y que es alimentado por agua que emana de un pozo
Mario Luna

La señora María descansa en una pequeña banca que está bajo la sombra de unos árboles. Decidió tomarse un respiro después de andar cargando cuesta arriba dos bolsas de maíz azul, las cuales ha colocado a su lado. Es de mañana, pero el sol ya calienta como si fuera más de mediodía. La mujer lo sabe, por eso se detuvo un rato en ese lugar fresco situado en Ojo de Agua, San Juan del Río.
La voz serena de doña María Chávez se combina con el sonido del agua que corre por un pequeño arroyo. Señala el lugar que está a pocos metros de ella y dice que en la localidad lo conocen como la tarjea y que ahí hay unos lavaderos públicos que al día de hoy siguen funcionando, que son de gran utilidad para los pobladores, sobre todo para aquellos que viven cerca de este sitio.
Comenta que había piedras largas, a ras de piso y que las mujeres asistían a diario para lavar las prendas de sus casas. Dice que en esos tiempos era muy incómodo porque quienes hacían esta labor se la pasaban hincadas por un buen rato, lo que hacía que al término de cada jornada hubiera dolores de espalda y rodillas. Explica que hace poco colocaron unos nuevos lavaderos, más altos y que vuelven menos tortuosa esta tarea.
Su memoria da unos pasos más atrás. Relata que antes de que hubiera la tarjea, la gente lavaba su ropa cerca de la pequeña presa que se ubica camino abajo. Indica que sacaban agua del embalse y se instalaban cerca de él, pues estaba estrictamente prohibido contaminarlo. Recuerda que las gentes de esa época cuidaban mucho ese ojo de agua, del cual toma su nombre la localidad.

“Eran de pura piedra y te tenías que hincar. Ahora ya las quitaron y pusieron esos. Cuando se escasea el agua en la casa, pues uno tiene que salir a lavar acá. En aquellos tiempos, se lavaba en aquella presa de allá. Sacaba uno agua y lavaba cerca de ahí. La gente era muy delicada porque no dejaban que entrara el agua sucia a la presa y ahora ya no. Ya no la saben cuidar ni nada. Ya se murieron las personas que antes la cuidaban mucho”, cuenta.
Doña María menciona que tienen 58 años de edad. En ella aún aparecen recuerdos de cuando era niña y la mandaban a acarrear agua del pozo que está cercano a los lavaderos. Dice que de ese lugar emana directamente el líquido del subsuelo. Y es cierto. De una pequeña cueva brota el agua clara que atraviesa por toda la calle y llega hasta las tarjeas que están frente a los lavaderos.

Explica que antes de que el agua se entubara, la gente acudía hasta el pozo, llenaban sus cubetas y acarreaban el líquido hasta sus hogares. Afirma que esa agua se ocupaba para lavar, dar de beber a los animales e incluso las mismas personas la consumían y la utilizaban para preparar la comida. Pero eso cambió. Resalta que hoy las familias prefieren comprar agua de garrafón, en vez de tomar el agua pura que brota de la tierra.
“Cuando estaba yo chica veníamos a acarrear el agua de ahí. No había agua en las casas y hasta acá veníamos. Pura agua de manantial tomábamos y ahora la gente ya no la quiere. Prefiere comprar de garrafón. Dicen que sabe refeo el agua de la llave y que mejor compran en las tiendas. Hay gente que le sobra el dinero. A mí no me sobra ni para un garrafón de agua, mejor tomo agua de este pozo”, cuenta doña María con esa voz tenue que fluye libre como el agua del arroyo.