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Dra. Lourdes Ocampo Coria es Psicóloga Clínica, Doctora en Desarrollo Humano y posdoctorado en Antropología Organizacional. Desde 1987 ha ocupado diversos cargos en el Tec de Monterrey y ha asesorado a organizaciones en América Latina y EE. UU. Lidera programas sobre liderazgo femenino y capital humano, y cuenta con certificaciones en educación y coaching ejecutivo. Sus investigaciones abordan el burnout, mobbing y el liderazgo de mujeres, con colaboraciones internacionales y publicaciones en temas de sororidad e inclusión.
A lo largo de la historia, cada generación ha enfrentado sus propios desafíos y ha respondido, a su manera, a los legados recibidos. Hoy, las y los líderes nos encontramos ante un cambio profundo: la integración con las nuevas generaciones, especialmente la Generación Z, que llega con una mirada fresca, cuestionadora y profundamente consciente.
Esta transformación la vivo no solo desde la academia y el trabajo organizacional, sino desde lo más íntimo: mi hogar. Mi hijo, orgullosamente GenZ, ha sido uno de mis grandes maestros. Su forma de entender el respeto a la dignidad humana, su aguda capacidad para cuestionar mis certezas y su manera de invitarme a comprometerme activamente con causas que trascienden lo personal, me han enseñado que liderar hoy es también aprender a escuchar y construir puentes.
Uno de los mayores retos está en soltar viejos paradigmas. Las nuevas generaciones no se conforman con estructuras jerárquicas rígidas ni con discursos vacíos; demandan coherencia, autenticidad y compromiso real con la diversidad, la equidad y la inclusión. También exigen transparencia y participación en la toma de decisiones, algo que a muchas organizaciones aún les cuesta integrar.
Otro desafío clave es la transformación digital acelerada. Mientras muchos hemos debido adaptarnos a marchas forzadas, las y los jóvenes llegan con la tecnología en su ADN. Esto puede generar tensiones, pero también abre puertas a procesos más ágiles y creativos, siempre que tengamos la humildad para reconocer la riqueza de su visión y su dominio de las nuevas herramientas.
La irrupción de la inteligencia artificial añade una dimensión fascinante y compleja. Las nuevas generaciones están moldeando la manera en que la entendemos y aplicamos. Para liderar en el siglo XXI, esto implica abrazar la IA como aliada estratégica, pero también gestionar los dilemas éticos que conlleva. La Generación Z, con su sensibilidad hacia el impacto social y la equidad, está llamada a ser la conciencia crítica de este avance, recordándonos que ninguna innovación reemplaza la esencia humana: empatía, creatividad y colaboración por un bien común.
La convivencia intergeneracional trae enormes oportunidades. La Gen Z aporta un profundo sentido de propósito. Sus integrantes no solo buscan empleo; buscan impactar positivamente en el mundo. Su sensibilidad social y ambiental enriquece los equipos y fortalece la capacidad de adaptación de las organizaciones. Además, han demostrado una resiliencia notable ante contextos globales inciertos, desarrollando flexibilidad y una mentalidad de aprendizaje continuo.
El gran desafío es aprender a colaborar desde el respeto, la tolerancia y la amabilidad. Hay que reconocer que cada generación —la Silent, los Baby Boomers, la X, la Y y la Z— ha contribuido y sigue aportando con talentos únicos. No se trata de ceder el espacio, sino de ampliarlo para que todas las voces sean escuchadas y valoradas.
Hoy más que nunca, un liderazgo efectivo exige humildad y apertura. Como madre y como profesional, creo firmemente que tenemos mucho que aprender de estas nuevas generaciones. Su anhelo de un mundo más justo, sostenible y humano nos impulsa e inspira a ser mejores, para llegar a hacer realidad la aseveración de Yuval Noah Harari: “La cooperación es el verdadero superpoder de la humanidad.”