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Análisissábado, 7 de marzo de 2020

Hablemos de Cine

EL HOMBRE INVISIBLE, de Leigh Whannell

Director: Leigh Whannell

Guión: Leigh Whannell, adaptación de la novela de H. G. Welles

Género: Terror

Intérpretes: Elizabeth Moss (Cecilia), Oliver Jackson Cohen (Adrian Griffin)

La novela de H. G. Wells escrita en 1897, sufre un cambio radical en una adaptación donde el personaje del hombre invisible es un psicópata enfundado en un magnate de la industria de la óptica.

El tipo llamado Adrian Griffin, tiene una fijación sobre su novia Cecilia, a la que somete en todos sentidos como un verdadero machín, sin que ella pueda hacer nada por evitarlo.

Sin embargo, Cecilia se arma de valor y diseña un plan para escapar de su opresor, una noche, mientras el sujeto duerme, la mujer logra salir de la casa y bajar hasta el camino donde su hermana pasa por ella logrando así, su ansiada libertad.

Refugiada en casa de un amigo, que es policía, Cecilia vive temerosa de que Griffin la encuentre, pero una noticia le trae la calma a su desesperación, Griffin se ha suicidado y al fin se ha podido librar del hombre que tanto daño le había hecho.

Los siguientes días son liberadores para Cecilia, vuelve a ver con optimismo la vida y muchos planes vienen a su mente, pero hay algo que no la deja en paz, tiene la sensación de que alguien está junto a ella y no puede evitar pensar en Griffin y en su retorcida mente.

Y es que el director juega con el miedo de todos nosotros, miedo a lo desconocido, a lo que no se puede ver pero que uno sabe que ahí está, junto a uno, sin saber de qué se trata pero tan real que sufrimos en carne propia lo que Cecilia presiente a cada momento.

El control que ejerce este tipo de hombres sobre la mujer es tan grande que aún muertos siguen presentes en la mente de sus víctimas cuyo desorden mental tarda en recuperarse de las heridas.

Eso le sucede a Cecilia y lo peor, es que nadie le cree, y la empiezan a tildar de loca, otro fenómeno común que sucede en la sociedad, ya que nadie sospecha de un hombre en apariencia intachable e incapaz de tanta atrocidad.

Esa cámara que se detiene por instantes en el pasillo o en la cocina, enfatiza el accionar de una Cecilia paralizada por el miedo, que se acrecienta con la música que nosotros escuchamos y nos pone en alerta a lo que vendrá, sin saber qué demonios va a pasar.

En ese sentido, la interpretación de Moss, como la víctima de un hombre violento y acosador, es un reflejo fiel de la mujer que ha podido superar sus miedos y transformarse en otra mujer, empoderada y dueña de sí misma, en su justa dimensión. Muy interesante

E mail: ernestorobledo@hotmail.com

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