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Análisismiércoles, 4 de julio de 2018

El hartazgo

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La jornada electoral debe ser ya cosa del pasado, con todo y los procedimientos pendientes que son los cómputos oficiales, las validaciones y entregas de las respectivas constancias de mayoría.

Sin que descartemos impugnaciones en algunos comicios “locales”.

En lo que respecta a la elección presidencial, la voluntad ampliamente mayoritaria es clara a favor del virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador, y a todos los mexicanos no nos queda más que esperar que el próximo gobierno tome las riendas y funcione como tanto nos prometieron.

El beneficio de la duda, con la esperanza de que de verdad tengamos un presidente diferente que no permita las corrupciones ni las ilegalidades, sean de quienes sean.

Debemos de mirar hacia adelante.

Así funcionan las democracias, con respeto pleno a las voluntades mayoritarias.

Y la victoria de la coalición Juntos Haremos Historias es apabullante, demoledora.

Ni ellos mismos se la esperaban, por más que nos digan que estaban seguros que así sucedería.

Recordemos simplemente las advertencias y hasta las amenazas de los días previos al pasado domingo.

La gente salió a votar por MORENA, sin conocer siquiera a muchos de sus candidatos; no los vieron hacer campaña, incluso.

Sucedió así no por arte de magia, sino por dos razones compaginadas: el hartazgo contra el PRIAN, y la confianza o esperanza que les generó López Obrador.

Escuchamos al virtual senador por Sinaloa Rubén Rocha Moya advertir que tienen todos ellos un reto muy grande, que es el de demostrar que no son iguales a los de hoy y de antes.

Completamente de acuerdo.

Son muchas y enormes las expectativas que AMLO generó, y que comprometen a todos los que junto con él resultaron vencedores en esta elección.

MORENA es la nueva primera fuerza política nacional, con mayorías en ambas cámaras del Congreso de la Unión, y sus responsabilidades son también ineludibles.

No pueden pretextar obstáculos para darnos nuevas y mejores leyes.

Los retos principales tienen que ver con la pobreza, con la delincuencia y con la violencia.

No se resolverán con milagros ni con el puro ejemplo presidencial.

Son tan graves, que nos parece imposible ver cambios sustanciales inmediatos.

Así lo prometió el peje, y en eso sí que nos fallará; pero que le empuje, y que le siga empujando sin parar.

Habrá una sociedad vigilante, no solamente entre quienes no lo consideramos digno del cargo, sino también entre no pocos de quienes le dieron el voto.

Como sociedad, debemos olvidarnos de los colores y apoyar al gobierno, cuando se requiera.

Pero también tenemos que exigir resultados y reclamar lo que no se haga.

Ciudadanos cómplices de nada servirán para las grandes tareas que se requieren.

LA “NUEVA” REPÚBLICA

Cuál reconciliación, pues; las intolerancias de muchos pejefans siguen, y hasta crecen.

Se sienten “vencedores”, y vuelven a dividir el país en ganadores y perdedores; en inteligentes y en pendejos; en honestos y en deshonestos.

La república de la intolerancia que anunciamos vendría con la victoria de Andrés Manuel, ya comenzó a operar.

Las rabias y los odios siguen ahí, creciendo incluso.

Con la pretensión tan perversa como absurda de una ciudadanía y una prensa que sólo sirvan para aplaudirle al diosito, aunque confirme ser un farsante y un deshonesto.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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