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Localsábado, 31 de julio de 2021

Alejandro y su acordeón medio siglo de vida

A sus 69 años, Rodríguez Monárrez se gana unos pesos tocando en las calles y recuerda a sus amigos fallecidos

Sandra Solis / El Sol de Sinaloa

Con unas cuantas monedas y billetes ganados en las primeras tres horas de trabajo, el señor Alejandro, confiesa que salir a la calle le da miedo por el coronavirus, pero que, por la necesidad, no lo queda otra opción más.

El temor aumenta cuando la lista de músicos muertos por un contagio crece y la ausencia de colegas que han preferido seguir en aislamiento por seguridad.

“Como no (va a tener miedo), si se está muriendo mucha gente, la semana pasada un señor músico que aquí venía con nosotros, nos mandaron tocar dos, tres canciones, lo enterraron el lunes pasado”, contó.

Vieja vocación

Desde los 13 años, el “señor del acordeón”, mostró interés en la música, buscó la manera de comprarse su primera guitarra y aprendiendo solo, logró conocer todo lo relacionado al instrumento, su intención era convertirse en un músico.

“Nos mirábamos como hermanos, aquí trabajando todos los días y que ya cayó uno, ya cayó el otro, y pues a ver cuándo nos toca a nosotros, lo que Dios mande”, mencionó.

En el inicio de la pandemia, estuvo tres meses en resguardo total por el temor de sus cuatro hijos de que se enfermera, pero al estar adaptado a una vida de trabajo, en la primera propuesta que tuvo la aprovechó para salir.

“A mí también me da temorcito, pues mucha gente no sabía que está enferma y de un día para otro caen”, reiteró.

Los días buenos y malos siempre están presentes, pero el señor Alejandro no deja, ni dejará de tocar las canciones rancheras, esas que más disfruta y que por años ha tocado con diferentes grupos y colegas.

El recorrido

Los puntos que no fallan en una jornada son el mercado Gustavo Garmendia, el mercadito, el mercado Izabal (en ocasiones) y todas las calles del centro en donde hay más transeúntes.

Son en estos momentos cuando, el músico de antaño se convence de que la música es un alimento para el alma, que ayuda a superar amargos momentos con una melodía y en la vida que le tocó vivir en medio de una pandemia mundial, no dejará de hacer lo que más le apasiona.

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