Crónicas de Ambulancia: El extraño y nostálgico cumpleaños de Lupita
El servicio de un paramédico no termina con su guardia, ellos siempre están atentos para ayudar a quien lo necesite
Jesús Verdugo │El Sol de Sinaloa
Culiacán, Sin.- Adela Guadalupe cumplía 23 años, sus planes involucraban a su familia y una carne asada; eran los noventas y vivía la plenitud de su juventud sirviendo como socorrista en Cruz Roja.
LA NARRACIÓN
A sus ochenta y tantos años había salido poquísimas veces de su pueblo y desconocía el ritmo apurado de los autos que siempre llevaban prisa. Cruzaba las calles con toda la precaución que alcanzaba a tener, lenta y temerosa iba en búsqueda de alimentos.
La socorrista tomó en sus brazos a la anciana, se percató que seguía con vida y estaba consciente. Se quería levantar para regresar con su nieta. Guadalupe le hizo preguntas y ella las respondía con toda la lucidez que podía, así supo pues, su situación.
EL FESTEJO
Ahí preguntó y dio señas, platicó el caso con una trabajadora social que pudo ubicar a quien se refería. Le dijo que esperaría al hijo para avisarle, que se fuera. Pero Guadalupe insistió en quedarse a mirar que hicieran eso, que contactaran a su familia.
Pero es su cumpleaños, le dijeron, váyase a su casa; nosotros nos encargamos. La paramédico fue firme y volvió a pedirles que hablaran con su familia, no podía dejar desamparada a esa anciana que se debatía en algún quirófano del hospital regional.
Tanta insistencia dio fruto, y la trabajadora social se comprometió a llamar a la sindicatura más cercana al pueblo de la anciana, y prometió llamarle cuando hubiera respuesta. Adela Guadalupe se fue pero sentenció que si no recibía noticias; volvería.
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