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Localsábado, 12 de diciembre de 2020

Crónicas de Ambulancia: La decisión de Krystian

Cuando la responsabilidad cae sobre una persona, cada decisión se torna más dura

Jesús Verdugo │El Sol de Sinaloa

Un llamado de emergencia venía desde la frontera entre Sinaloa y Tamazula, Durango. Un auto se había accidentado tras un deslave y el acceso a la zona era difícil o imposible.

Avisaron a Culiacán y para antes del ocaso ya estaba en camino la nueva camioneta de rescate con dos operadores; paramédicos de gran experiencia que eran los más calificados para la difícil misión.

Toda la estación estaba atenta al rescate; era la oportunidad de ver la nueva herramienta en acción y Krystian quedó expectante en la estación, además de que esos dos socorristas eran muy buenos amigos.

Los rescatistas iban monitoreados por GPS y desde su salida, sabían que la zona a donde iban era de alto riesgo y la comunicación era importante. Eran las 18:00 horas y la señal se perdió, las alertas se prendieron en la institución y se activaron los protocolos.

LLAMADAS Y RADIOS

Llamadas sin respuesta, radios muertos y la noche caía junto con más lluvia. Krystian estaba preocupada por sus amigos que podrían o no estar a salvo, pero era obvio que algo ocurría.

Ya entrada la noche Krystian recibió una llamada de uno de los operadores desaparecidos; "estamos bien, tenemos a dos heridos pero no podemos cruzar..." y se cortó la comunicación. Los intentos de llamarle otra vez fueron en vano.

La lluvia no cesaba, pero era esa lluvia que parece no tener inicio ni fin; como si siempre estuviera allí y aunque te moje, olvidas que sigue lloviendo. Con esa atmósfera iba la caravana de rescate con Krystian al mando.

Un camino rodeado de cerros que amenazaban con deslavarse a su paso y la incertidumbre de poder llegar hasta sus amigos. La paramédico estaba en constante comunicación con su superior, quien le daba indicaciones y aliento.

Eran las 22:00 horas cuando toparon con un deslave que obstruía la carretera. La oscuridad era tan profunda que los faros de las camionetas apenas penetraban unos metros adelante. Y el sordo golpeteo de la lluvia ya cansaba y mareaba.

De la penumbra emergieron dos jóvenes en motocicletas, sin protección ni abrigo. Ojos incandescentes y fusiles colgando de sus hombros; "¿Que andan haciendo? ¿Qué quieren?" Cuestionaron en tono frío.

Uno de los rescatistas le platicó la situación y le aseguró al joven armado que no estarían más tiempo del necesario ahí. El muchacho hizo pitar un radio e intercambio claves. Y así como llegaron, se fueron y perdieron en las penumbras.

Krystian tenía miedo, cuenta que entre la oscuridad solo brillaban las armas y en su cabeza temía que esa noche iba morir. Después del encuentro con dos adolescentes, ella tenía que tomar una decisión.

Krystian dejó el radio y se acercó a sus compañeros para anunciarles el retiro. Ellos estaban listos y dispuestos a acampar en la zona y esperar, pero la paramédico fue clara y salieron de allí rumbo a Culiacán.

PROBAR LA DERROTA

La socorrista describe la sensación como derrota, como una forma de abandono. Además de tener al teléfono llamadas de la madre de un operador que le pedía traerlo de vuelta. Era media noche cuando volvió a su casa con la cabeza revuelta y las entrañas apretadas.

Los operadores cuentan que en medio de la sierra encontraron una tienda de ultramarinos que los recibió y dio asilo durante la noche. Ahí atendieron a los heridos y entraron en calor, a la espera del rescate que sabían venía en camino.

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