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Localsábado, 28 de noviembre de 2020

Crónicas de Ambulancia: El rescate aéreo de Pericos

Una jornada de rescate de diez horas entre barrancos y monte, un joven con esperanza y un paramédico comprometido

Jesús Verdugo │ El Sol de Sinaloa

Cuando llegaron a la falda de la cumbre tendrían que maniobrar en zigzag para subir. Entonces 5 muchachos bajaron y se retaron a subir más rápido que el autobús. Un arroyo seco dibujaba una tangente a la cima y por ahí empezaron a correr.

UN DÍA DIFÍCIL

Carlos Arnold estaba trabajando temprano, fuera de guardia como paramédico él era contratista, pero esa llamada venía con voz urgente: un accidente en un cerro cerca de Pericos, un muchacho herido y vamos en helicóptero.

El en ese entonces comandante de socorristas, dejó lo que estaba haciendo y fue por su equipo a la estación. En ambulancia partieron al aeropuerto donde un helicóptero de rescate estaba esperándolo para salir.

Una odisea fue llegar y otra era bajar, el barranco donde estaba el muchacho herido era inaccesible para el helicóptero por la vegetación. Así que decidieron aterrizar en una meseta cercana y en la ambulancia de Pericos, que ya estaba ahí, acercarse lo más posible.

AVISO

Ya en el aire y con la luz de Culiacán como única guía, el muchacho seguía platicando con Carlos Arnold y le pedía que lo dejara asomarse a la ventana, que lo desamarrara un ratito. El paramédico le decía que no, que no podía por sus heridas. Pero que aguantara más.

Con el aeropuerto enfrente, el piloto esperaba que le dieran autorización de aterrizaje, cosa de dos minutos. Entonces el muchacho entró en paro, la diminuta cabina del helicóptero no daba espacio para reanimación y era urgente aterrizar ya.

Gracias a una gestión de Cruz Roja y autoridades, el camino estaba despejado y escoltado por oficiales de tránsito. Semáforos en verde y calles solitarias para la ambulancia que corría contrarreloj.

Llegaron al hospital y el muchacho se veía desvanecer. En la recepción de urgencias cayó en paro nuevamente. Ahora trabajaban juntos médicos y paramédicos para resucitarlo; otra vez lo lograron. Y el joven pasaría a recibir atención más completa dentro del nosocomio.

Carlos Arnold entregó al muchacho y se fue con una sensación extraña y de preocupación. Eran las 10 de la noche y se dirigió a la estación de Cruz Roja. Tenía una plática pendiente con el equipo y aprovecharía para contar lo que había pasado.

Minutos después de iniciada la charla, una joven de radio entra a la sala e interrumpe al comandante Carlos Arnold; el joven había muerto. Un tercer paro y no logró salir de él. Los médicos lucharon pero las lesiones y el tiempo de traslado fueron demasiado.

El paramédico sintió un dolor profundo al escuchar la noticia. El muchacho con el que había platicado de su futuro y sus aficiones había muerto, toda la lucha y esfuerzo quedaron en nada en ese momento.

El comandante agradeció que le informaran y se quedó meditando. La inevitable identificación de ese muchacho con sus hijos, con los jóvenes de Cruz Roja y ese reproche a la vida por ser tan injusta.

15 años después todavía se le quiebra la voz al eterno comandante, y las memorias de ese plebe atrabancado y feliz no se le van a olvidar así como tampoco esa deuda con la vida por ser tan cruel.

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