El orgullo de portar el uniforme de educadora vial
Se forma una tercera generación de mujeres dedicadas al bien de la ciudadanía desde cualquier trinchera
Sandra Solís │El Sol de Sinaloa
El hecho de que una mujer pudiera enfrentar cualquier tipo de situaciones en la calle sin importar el riesgo, fue un asunto que con el paso de los años se convirtió en algo natural, pero lo que nunca se iba era la admiración al uniforme que tanto portaban con orgullo.
La constante preparación, el conocer de buena fuente cómo funcionaba la corporación y su inolvidable visión, hizo que fuera seleccionada para la vacante y desde hace más de una década ha trabajado para hacer un cambio en las atareadas calles de la capital sinaloense.
PERSEVERANCIA
Adriana siempre supo que hacer un cambio en la cultura vial en una ciudad en donde solo aumentaba la flota de automóviles, motos y transporte urbano era un verdadero reto, en donde debía imponer su imagen de mujer capacitada para enfrentar cualquier tipo de situación.
No importa el clima, si hay calor, lluvias o frío, la posición de una educadora vial es estar firme en la calle o banqueta, ser un apoyo para los agentes de tránsito y tener como principal objetivo los peatones que desean cruzar de un lado a otro.
Ser mujer sigue siendo un desafío para la labor, con hombres que todavía se niegan a acatar las órdenes de las educadoras viales, pero que con los años de trabajo de sus antecesoras existe el respeto hacía ellas.
Casi a la par de su inicio de carrera, desde hace 11 años combina su pasión a la labor de ser una educadora vial y seguir portando con orgullo su impresionante uniforme que tiene la distintiva bandera mexicana, con ser madre ahora de tres niñas.
Las pequeñas de 11, seis y cuatro años que ahora son su universo, se han convertido en el reto de su vida, que, en compañía de su esposo logran dar cada uno de los pasos y se crea de forma natural una tercera generación, de una familia que ama a la corporación.
Sus hijas, quienes a pesar de que siguen siendo unas niñas le dicen siempre a su mami “yo quisiera ser educadora vial cuando sea grande”, frase similar a la que ella solía hacer a su mamá.
EN CASA
El consejo que Adriana le da a las mujeres es a creerse que no existen límites cuando tienes un sueño, en donde el camino a seguir es luchar por tus metas y para alcanzarlo hay que capacitarse, estudiar y siempre buscar mejorar como persona dentro de todos los ámbitos.
Cada día es una nueva aventura, pero la misión sigue firme desde el primer sueño e inicio de carrera, crear en una “ciudad de locos” una cultura vial que respete a todos los involucrados en las calles y sobre todo a los cientos de mujeres que dan su vida a la labor.
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Son los años que tiene Adriana sirviendo como educadora vial en Culiacán, a pesar de que no es fácil en esta “ciudad de locos”.
TRABAJO
Cada día es una nueva aventura para Adriana, pero la misión sigue firme desde el primer sueño e inicio de carrera.
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