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Localsábado, 23 de febrero de 2019

Revistas desplazadas por dulces 

La era digital transformó los puestos espacios multicolores y multisabores; Andrés lleva 35 años de comerciante

José Ángel Estrada

Recuerda que en cada escalón acomodaba muchas revistas. Las más grandes abajo y conforme su tamaño se iban acomodando hacia arriba. Había unas de contenido sólo para adultos y esas las colocaba en la parte superior para evitar que llegaran menores y las vieran.

RECOGÍA LAS REVISTAS

Por lo menos tres veces a la semana, Andrés madrugaba para ir a recoger las revistas que llegaban a tres distribuidoras ubicadas en tres distintos domicilios de la ciudad. Llegaba al puesto cargando pesados cartones llenos de revistas que luego acomodaba.

Para los niños también había productos: Tom y Jerry, La Pequeña Lulú, Archi, El Pato Donald y otros.

COMO EMPEZÓ

Cuando Andrés empezó a vender revistas fue aproximadamente en 1983. Lo invitó a entrarle al giro la familia de su esposa Carmelita. Su cuñado Jesús Madueño tenía como cuatro puestos de revistas, todos en el centro de la ciudad.

Cuando compró su puesto, Andrés se dio cuenta que la venta de revistas sí le dejaba utilidades. Ya no tuvo necesidad de ejercer su carrera de ingeniero agrónomo. Y es que en realidad atender el puesto de revistas le requería estar desde la mañana hasta el oscurecer.

La venta de periódicos también registraba mucho movimiento, aunque sólo por las mañanas. Tenía clientes que llegaba a determinada hora y les tenía que apartar sus ejemplares porque a veces se agotaban.

El sonar de las monedas en la pequeña caja de madera que la hacía de caja registradora era de todo el día.

Con el paso del tiempo Andrés estuvo en condiciones de darles estudios a su hija y sus dos hijos. Todo con las ventas de revista.

EL CAMBIO DE GIRO COMERCIAL

A la vuelta de 35 años. La estructura metálica de las revistas ya parece un exhibidor de un negocio dedicado a la venta de dulces. Cuando se hizo del puesto, solo vendía chicles, paletas y hasta cigarros sueltos, como un servicio complementario a sus clientes.

Ahora la situación es diferente. Lo que más vende son dulces, ahora de toda una amplia variedad. Tan amplia que los dulces ya ocupan la mitad del espacio de la estructura metálica.

Andrés comenta que desde hace poco más de cinco años la gente dejó de buscar estas revistas. Él las seguía surtiendo y exhibiéndolas, pero ya no se vendían. Por eso ahora sólo vende algunas, que son las que sí se siguen vendiendo.

Junto a estas tiene otras revistas que él llama “saldos”, que si se venden bien y si no también. Son crucigramas, pasatiempos y otras. Algunas ya están descoloridas de tanto tiempo de estar en el exhibidor.

La venta de periódicos también ha descendido, pero se siguen vendiendo.

SITUACIÓN GENERAL

Esta situación, dice, la viven todos los puestos que antes eran de revistas, y el permiso con que se operan estos puestos sigue siendo por el concepto de “periódicos, revistas, dulces y chocolates”.

Andrés reconoce que los dulces dejan más utilidades que las revistas, pero aclara que se tuvo que cambiar de giro porque ya no se vendían revistas.

ERA DIGITAL

Tiene razón Andrés: es la era digital.

ANDRÉS ROSALES

VENDEDOR DE REVISTAS

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