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Localsábado, 26 de octubre de 2019

…y tronaron las balas...Iban por un algodón de azúcar

Jesús y su hija de cinco años pasaron la toma de Culiacán por el narco resguardados en un cubículo

Jazmín Ballesteros/El Sol de Sinaloa

Jesús

Sin embargo, se insistió en que fuera inmediatamente por ella, pues era por orden de Protección Civil y por precaución que se debía acatar el aviso.

SUCESO

Jesús

Pero justo antes de que Jesús y la menor pudieran ingresar al edificio del Instituto donde él trabaja, una persona les advirtió sobre el violento evento.

Al llegar al sitio donde se pone un puesto de dulces afuera de la Escuela de Artes José Limón, una señora me dijo que no había clases; yo le respondí que íbamos al otro edificio y entonces me dijo: pues resguárdense porque hay una balacera

Jesús

Lamentablemente no pudieron llegar por el algodón de azúcar, pues esa tarde tuvieron que encerrarse en el cubículo de Jesús, pues apenas le advirtieron, empezó a escuchar las ráfagas de armas largas.

Jesús

La menor lo abrazó; ella temía que su padre muriera esa tarde. Al llegar al primer piso, trató de calmarla, convenciéndola de que no les pasaría nada. Entraron al cubículo y se sentaron en una silla, abrazados.

Jesús

Eso no fue todo, el celular de Jesús tenía poca carga, el edificio no contaba con agua para beber y ni él ni su pequeña habían comido y ni sabía cuántas horas estaría ahí.

Tomé mi celular y envié mensajes a mis familiares: todos bien. No obstante, la ansiedad, el temor, taquicardia, la ansiedad. Temía por mi hija y por mí mismo

Jesús

LLUVIA

Las balas seguían y la ansiedad de Jesús aumentaba, pues el sonido de armas y sirenas de patrullas de policías sólo lo ponían alerta. No le daban una sensación de seguridad, sin embargo tuvo que sacar valentía para tranquilizar a su hija.

Mi hija se asustó más cuando escuchó las sirenas, le dije que eran los policías, que iban a cuidarnos a todos y se tranquilizó. Entonces le puse los audífonos para que viera un cuento en Youtube y se distrajera

Jesús

La incertidumbre de Jesús era mucha, no sabía cómo iba a regresar a su casa a salvo con la niña. Justo esa mañana había decidido tomar el transporte público y además, no contaba con tanto dinero en efectivo. Tuvo que esperar.

Jesús

El ruido cedió a las 5:00 pm y las personas que trabajan con Jesús comenzaron a abandonar el edificio, pero en todas partes se decía que la cosa se iba a poner peor de acuerdo con los mensajes que se reproducían en las redes sociales.

No sabía si podríamos ir a la casa de mi mamá a resguardarnos. Logré comunicarme con mi papá, seguía en Villas del Río. Dijo que intentaría pasar por nosotros pero no sabía si podría porque había muchas vialidades bloqueadas

El padre de Jesús

Salí con la niña en los brazos y antes de llegar a la calle se escuchó otra ráfaga. Corrí para alcanzar la camioneta de mi papá. Mi hija volvió a tener miedo, al igual que yo

Jesús

Una vez en la camioneta, tomaron la calle Paliza, la Colón y luego la Obregón, la principal. Él y su padre observaban a decenas de personas caminando puesto que el transporte público había sido suspendido.

Volteé al asiento trasero y me di cuenta que la niña se había dormido. Yo asustado le revisé todo el cuerpo para comprobar que no le hubiera caído una bala perdida, ese era mi temor durante el trayecto

Ya pasó una semana, y Jesús expresa que se siente desprotegido e inseguro de dejar a su hija en el kínder o la guardería…

El gobierno nos dejó a la suerte a todos ese día, ¿quién dice que no puede volver a pasar?

Jesús

Trabajador del ISIC

Salí con la niña en los brazos y antes de llegar a la calle se escuchó otra ráfaga. Corrí para alcanzar la camioneta de mi papá. Mi hija volvió a tener miedo, al igual que yo

Jesús

5 años

Papi, no quiero que te pase lo mismo que a José José. Quién me va a cuidar. No quiero que te pase nada”.

Su hija

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