Aidé, pintora Down, un regalo de Dios
Es pintora, canta y baila, asiste a la escuela secundaria
Mirna Hernández
LAS BATALLAS SON PARA LOS GUERREROS
Cuando Alicia estaba embarazada recibió la noticia de que las cosas no estaban bien y que su bebé, de seis meses de gestación, alcanzaba sólo uno por ciento de posibilidad de sobrevivir porque retenía una gran cantidad de líquidos.
Su sonrisa es dulce y encantadora. Se define como una chica educada, a la que le gusta bailar, tocar el órgano, cantar y pintar. Incluso algunos de sus cuadros ya adornan paredes en el Hospital Cemain de Tampico.
Con la guía de la pintora Patricia Milán, los cuadros de la joven destacan por sus expresiones hacia la naturaleza y han sido subastados en beneficio para la Fundación Down de Tamaulipas.
Tímida, pero coqueta como toda adolescente, se adelanta y dice que su plan es convertirse en escritora de historias de princesas, pero también de amor, además de perfeccionar su voz para seguir cantando la música de sus artistas favoritos.
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ORGULLO PARA SUS PAPÁS
A Alicia Flores le brillan los ojos cuando habla de su hija y narra que enseñarle los colores, así como a leer y escribir a los 6 ó 7 años se convirtió en toda una odisea. Pero con disciplina y firmeza lograron que lo hiciera.
Estimulación temprana y el apoyo de un grupo de psicólogos dieron a la pequeña un buen desarrollo, que ha aprendido a asearse sola, vestirse, arreglar su mochila y otras tareas que hacen las chicas de su edad.
Con Trisomia 21, que es así como se define a los niños Down, la vida de la joven transcurre con muchas actividades, junto a su amorosa familia interesada en convertirla en una mujer productiva e independiente.
Para la pareja la vida no ha sido fácil, pues por una terrible enfermedad perdieron a su hijo Emilio, de tres años de edad.
Como otras familias con pequeños de esta condición de vida, lamentan la inexistencia de un modelo educativo público que apoye el progreso de las personas especiales, generalmente excluidas de la vida productiva.
ENSEÑANZA DE VIDA
Su papá, Rubén Almanza, sólo escucha la entrevista. Se resiste a hablar. Pero al hacerlo suelta la emoción que le da su hija y da gracias por tenerla.
¿Qué le ha enseñado?; no lo piensa mucho y su rostro cambia cuando dice que Aidé, es sobre todo un aprendizaje de vida, porque le ha dado luz y fortaleza.
Dice que quiere que aprenda cocina, como herramienta de trabajo y dependa de sí misma.
Como jefe de la casa tiene preocupación por el dinero, la inseguridad o enojos de la cotidianidad, pero con su niña ha aprendido la sencillez de la existencia.
Como todo padre, le preocupa el futuro de su pequeña, pero confía que habrá frutos del trabajo diario, la disciplina, la firmeza y el amor que prodigan a Aidé, a quien llaman un milagro y un regalo divino.
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Posted by El Sol de Tampico on martes, 21 de marzo de 2017
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