Copetín, la sonrisa de una generación
El payaso de la infancia de cientos de hoy treintañeros
Antonio Sosa
Basta escucharle hablar, aun sin observarlo, para identificar de inmediato la voz de Copetín, el payaso de la infancia de cientos de hoy treintañeros que disfrutaron, allá por los 80's y 90's, de “Sábados Llenos de Sabor”.
La cita fue en un café de la zona centro del puerto de Tampico, con Édgar Enrique Romero Rueda, quien llegó caracterizado con la peluca y nariz roja, boca enmarcada por un tono blanco y los cachetes chapeados.
Los recuerdos de la infancia se agolpan con apenas oírlo, viniendo a la mente aquellas tardes de sábado en las que lo que obligadamente se observaba en la región era su programa.
“Sería el segundo o tercer año de mi hermana Priscila cuando me pinté de payaso, sólo el rostro y sin peluca, sería como 1984 o 1985”, indicó el entrevistado, quien en ese entonces contaba con 17 años de edad.
No sabía que ese evento familiar lo marcaría para toda su vida, ya que apenas concluyó la piñata fue requerido para otra, luego otra, y así sucesivamente hasta tener una agenda llena.
“Chispita” o “Tolín” eran los payasos de mediados de los 80’s en el puerto de Tampico, pero sus costos rondaban los cinco mil pesos, por lo que los 500 pesos que cobraba Copetín eran atractivos.
PAYASO ROCKERO
Para ese entonces estudiaba en la Vocacional, en el Tec Madero, por solicitud de sus padres, pero apenas tuvo unas monedas para pagar sus estudios se salió e ingresó a prepas privadas.
El nombre de "Copetín" surgió desde aquella primera presentación, ya que el característico peinado de hace más de tres décadas era de un copete bastante pronunciado.
Se exageraba siguiendo tendencias de artistas como Gustavo Cerati y Saúl Hernández, más aun cuando con sus amigos Luis Merinos y Otho Stile integraban el grupo de rock “Stray Rockers”.
CLAUDIO ROSAS LO LLEVA A LA TELEVISIÓN
Fue por medio del reconocido músico Claudio Rosas, de la Internacional Orquesta Tampico, que en el año 1987 llegó a Televisa del Golfo, en la colonia Campbell.
Audicionó con el productor Alfredo Espinosa, ya que requerían elenco para un programa ante la salida del mago Hugo Brown y Mr. Willy, quedándose solamente a cuadro el Súper Payaso y el Mago King, quien después se convirtió en el Mago Lucas.
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✅? Basta escucharle hablar, aun sin observarlo, para identificar de inmediato la voz de Copetín, el payaso de la infancia de cientos de hoy treintañeros que disfrutaron, allá por los 80's y 90's, de “Sábados Llenos de Sabor”.
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Ya era “Sábados Llenos de Sabor”, patrocinado por el conocido refresco Escuis, “me aceptaron y al segundo programa se va el Súper Payaso y me quedo solo con el Mago Lucas”.
El pago por programa era de 25 pesos, pero al joven de 20 años era lo que menos le importaba, ya que con la proyección en televisión su espectáculo fue más cotizado.
“Me ofrecieron la titularidad y acepté, sin miedo a nada, sólo a regarla”, dijo el hombre que generó un estilo peculiar con gran participación de su público que en poco tiempo lo acogió, “yo sólo sabía que la gente me aplaudía”, rememora.
Siguieron “Cascarín”, “Sony” y “Pequitas”, ampliando el horario a todos los días, con la transmisión de las conocidas “cascaricaturas” como “Alvin y las Ardillas”, “Los Trolls”, “El Pájaro Loco”, “Chip & Dale”, “Rico Mc Pato”, entre otras, para llegar finalmente “Mapy”.
La aventura iniciada en 1986, a la que él se había sumado en 1987, se quedó sin patrocinio de la embotelladora local por lo que en 1999 se determinó el fin de la emisión.
SE FUE LA SONRISA
Con el programa aún al aire, una holgada solvencia económica y la libertad de un joven veinteañero, Copetín comenzó a inmiscuirse en el complejo mundo del alcohol y las drogas.
El avance fue progresivo, imperceptible, “de copa en copa hasta llegar al consumo de sustancias más fuertes y dañinas”, reveló en la entrevista.
En el 2000, con 33 años, parte a Monterrey sumándose al programa de “El circo de los Chicharrines”, después “Burundango y su loca Tv”, entre otros.
De la Sultana del Norte se mueve en el 2003 a Ciudad Victoria, como una fuga geográfica, ya que su problema de consumo de drogas era grave “y ciudad más chica, infierno más grande”, aseguró el hombre que recuerda esa etapa como un doloroso fondo de sufrimiento.
Regresa a Tampico e instala su negocio de “Los biónicos”, logrando ventas considerables en la última Fiesta de Abril desarrollada en "La Herradura".
“Ahí me perdí tres días, consumiendo y quedándome absolutamente sin nada”, expuso a El Sol de Tampico.
Pesaba 45 kilos y sólo pudo atinar a decir “ya no puedo”; dinero, coches, casa, todo había sido inhalando y bebido, pero sin duda lo que cimbró al artista fue que su madre, quien jamás le había perdido la fe, le pidió se fuera de la casa.
Bastó una llamada a sus amigos Guillermo Gutiérrez y Humberto Hernández para que se echara a andar un mecanismo de ayuda al que se sumó Rosy Pérez Monsiváis.
“A ellos les debo la vida”, dijo el hombre, quien fue trasladado al Grupo “La Pirámide II”, de AA, un jueves 11 de mayo del 2006, “yo pensé que me llevaban a Oceánica, pero gracias a Dios fue a AA”, bromea.
El internamiento fue por los reglamentarios tres meses, noventa sesiones dedicadas a escuchar y compartir su experiencia, “tuve la oportunidad de salirme y no lo hice”.
De 6:30 de la tarde a once de la noche su espacio estaba dedicado al grupo, ahora con más de 11 años limpio y sobrio sigue acudiendo, colaborando y retribuyendo a la confraternidad.
Al salir se encontró con la realidad, la vida tal cual es, sin drogas, siendo impulsado por su expatrón, don Francisco Azcárraga, “quien me dio los comerciales para mi show durante años, con lo que pude volver a empezar”.
Ya con una vida renovada conoció a Dulce Miranda, quien hoy es su esposa, “ella me conoció en mis peores circunstancias, hoy sé que es el amor de mi vida y con quien tengo a mi bebé de 10 meses”.
Extraña los reflectores de la tele pero no está seguro si quisiera regresar “es una vida que ya pasó y dejé, actualmente me emociona ser Copetín y que la gente me recuerde con o sin cariño”.
Considerado en la categoría de payaso “Augusto” o tradicional quiere amenizar la fiesta de su pequeña María Julia, quien hoy también lo identifica por su característica voz.
En la piel muestra su andar por la vida en tatuajes de manos, un pie y unas estrellas; pero sobre todo su modo, trato y buena vibra las enseñanzas que esta le ha dejado.
"Copetín", el payaso de quienes ya tienen treinta años, le ha dado vuelta a la hoja, hoy disfruta trabajar en una empresa de telefonía celular, de vez en vez sacar la peluca roja y salir a la calle para seguir arrancado sonrisas, sin importar el día de la semana.
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✅? Basta escucharle hablar, aun sin observarlo, para identificar de inmediato la voz de Copetín, el payaso de la infancia de cientos de hoy treintañeros que disfrutaron, allá por los 80's y 90's, de “Sábados Llenos de Sabor”.
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