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Localsábado, 31 de octubre de 2020

Día de Muertos, un festejo multicultural

En las últimas tres décadas su celebración ha ganado terreno en Tijuana, indicó el historiador Gabriel Rivera

Juan Miguel Hernández / El Sol de Tijuana

Tijuana.- La celebración del Día de Muertos es uno de los momentos más esperados por la sociedad mexicana. Es la fecha marcada en el calendario para recordar a los seres queridos que se adelantaron en el camino.

Tijuana por su cercanía con Estados Unidos, durante muchos años se vio influenciada por las tradiciones de aquel país. No obstante, en las últimas tres décadas la celebración del Día de Muertos ha venido ganando terreno en el corazón de la sociedad fronteriza.

Gabriel Rivera Delgado, historiador y presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, correspondiente a Tijuana, habló para El Sol de Tijuana sobre las particularidades de la celebración del Día de Muertos en la frontera.

¿Qué significado y cómo ha ido evolucionando la celebración en la frontera?

A partir de los 80 empieza a haber un auge, cuando las escuelas de todos los niveles educativos, después oficinas de gobierno, instituciones culturales, centros comerciales, empiezan a tener altares de muertos por todos lados, inclusive con concursos.

¿Es diferente la tradición en Tijuana con el resto del país?

La cuestión de ir a arreglar la tumba, poner flores, en algunos casos llevar música a los muertos y estar horas en la tumba y en el panteón, es una tradición que tiene muchas décadas en Tijuana. Eso sí era desde hace muchos años muy común.

En algunos ranchos en el siglo 19, según relata Manuel Clemente Rojo, porque en esa época Baja California eran puros ranchos, la gente bajaba el Día de Muertos, iba y limpiaba la tumba, le llevaban flores y recordaban a sus seres queridos.

¿Esto es lo que nos hace diferente respecto al interior de la República?

Sin lugar a duda es algo pasajero y está influenciado en ciertos niveles de edad, por lo que suele ser una fiesta. Pero la gente mayor que tiene muy clara la tradición que le pasaron de generación en generación, tiene ese elemento de enriquecer y recordar a los muertos.

Como bien dice, ha logrado coexistir con la celebración de Halloween, el 31 la gente se disfraza, pero ya tiene el altar hecho, le gusta comer el pan de muerto.

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