Habrá jornada el 17 y 30 de abril en Plaza Vértice; también brindarán servicios de vacunación antirrábica y desparasitación sin costo para animales de compañía
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Alrededor de los últimos tres lustros, se han incorporado a las filas de la SGHEL varias personas presentando previamente un trabajo recepcional para poder ser aceptados en su calidad de consocios. De éstos, varios son oriundos de Santa Ana Chiautempan y, al momento de ingreso, jóvenes (hombres y mujeres) que no rebasaban los 30 años de edad. Eso, de entrada parece bien y hasta aceptable; sin embargo, lo desconcertante o lamentable, o preocupante, es que posterior a su ingreso, quizá han regresado una sola vez (hasta hoy) a determinado evento y nada más.
¿Cuál es la intención de ingresar y no regresar? ¿Qué se pretende con obtener una membresía cultural de nuestra sólida agrupación cultural y no aportar ni media cuartilla en más de tres lustros? ¿Qué está pasando con los santaneros -de la nueva guardia- que se jactan de cultos, que se acercan a las filas de la SGHEL, que se pavonean de historiadores, pero que no muestran ni siquiera el conocimiento mínimo elemental de la tierra, del municipio que los ha visto nacer? Los nombres y las fechas de ingreso los tengo a la mano; no se detallan por evidentes razones. En esta reflexión no pretendo de ninguna manera solicitar, y menos exigir, responsabilidad y/o compromiso de cada uno de ellos, dado que, en su totalidad, son mayores de edad y, en consecuencia, debe haber cierta responsabilidad social. Ciertamente, la SGHEL es una agrupación que debe continuar funcionando en los años, lustros y décadas siguientes; pero también es cierto que, en realidad se debe analizar, desde su propia esencia histórica, y quizá desde los propios estatutos, la real intención de futuras pretensiones por ingresar a esta agrupación, de personas no solamente oriundas de Chiautempan; anteponiendo con ello el respeto que la agrupación merece.
Toda profesión y actividad ejercida por los interesados en ingresar a la SGHEL es total y claramente respetable trátese de quien se trate: un modesto servidor público, un artista, un cómico, algún deportista, etcétera; sobre todo si en su haber tiene producción sólida y de calidad que respalde su pretensión. Por sus filas han transitado pintores, músicos, científicos, cuentistas, políticos, poetas, dramaturgos, médicos, periodistas, historiadores, gobernadores, profesores, entre otros muchos cargos.
En sus inicios y primeros años, la SGHEL recibió con beneplácito el ingreso de chiautempenses que, lejos de permanecer inactivos o hacer gala de acciones intrascendentes, ridículas y sin ningún impacto al menos en sarapelandia, dieron lo mejor de sí mismos en varios rubros como historiadores, poetas, escritores y periodistas. De éstos últimos, podemos traer a colación el nombre de algunos de ellos: Ezequiel M. Gracia (+), indiscutible pilar sólido que por casi una década estuvo dirigiendo las actividades en su calidad de presidente. Además de tan delicado cargo, participó con algunos artículos periodísticos que se tienen claramente detectados en las páginas de nuestro Sol.
Ricardo Cordero Lima (+), otro santanero de pura cepa, y consocio también, más allá de las participaciones culturales fue un reconocido articulista, cuyas publicaciones eran leídas con interés, dado el carácter, el amplio nivel cultural que ostentaba y el respeto con el que siempre se condujo para con los lectores. Nunca habló mal de su tierra y menos aún de su familia; nunca escribió en detrimento ni en contra de sus paisanos tachándolos de “nacos” u otro adjetivo peyorativo. Por el contrario: Cordero Lima siempre atendió con optimismo y respeto los criterios y las actitudes de sus paisanos santaneros. En sus artículos periodísticos podemos encontrar múltiples ejemplos de lo anterior. Y no sólo ello: su conocimiento histórico por la tierra de “los chismes y campanas” era más que elocuente.
Francisco Flores Olayo, político y empresario santanero, también estuvo inserto, antaño, en las filas de la SGHEL. Fue presidente municipal de sarapelandia y ha sido desde entonces una figura por demás reconocida en la tierra de Arrieta. Tuve oportunidad de saludarlo durante la presentación de un libro (éste sí, de calidad), autoría de Marco Antonio Flores Jasso, norteño, hace poco más de un año allá frente al Teatro Xicohténcatl. Coincidí, también con él, en mi calidad de ‘fedatario’ durante cierto concurso de oratoria hace algunos años, en la entonces presidencia municipal de Chiautempan, por gentil invitación del maestro José Tomás Juárez Muñoz.
En los albores de 1987, es decir hace casi cuatro décadas, Flores Olayo publica su primera columna periodística en este medio, titulada: “El Mole Prieto, platillo de Chiautempan, tiene orígenes del pasado prehispánico”. Sin embargo, su inquietud y dinamismo cultural lo llevó a conformar, a principios de octubre de aquel emblemático 1968, un “Ateneo” Santanero (que tanta falta hacía y que, increíblemente sigue haciendo falta con urgencia) dando inicio con ello a un primer movimiento cultural que habría de sentar bases importantes. Él quedó como tesorero; el presidente fue René Grada, y el secretario Daniel M. Su participación en El Sol de Tlaxcala, en fechas recientes, demuestra que sigue con ese dinamismo que le caracteriza.
Ricardo Escobar Flores (+), consocio-SGHEL, periodista de toda la vida, perfilado en sus primeros años a temas netamente culturales, escribió también en este medio, mostrando real conocimiento de su tierra natal, de sus costumbres y tradiciones; se adentró al remoto conocimiento de la tierra de Toci y de Señora Santa Ana; intercambió con generosidad conocimientos que, hoy día, tanta falta le hacen a esos imberbes jovencitos que por el simple hecho de ser egresados de algún aula universitaria pretenden, de una semana para otra, descubrir y describir la historia de Chiautempan, desconociendo que tal actividad ya la hizo hace casi cien años el propio Román Saldaña Oropeza, ilustre santanero, primero, prácticamente desplazado al olvido, y después el maestro Isaías Bello Pérez.
Y qué decir del propio Francisco Xavier Juárez Muñoz que, en su momento alcanzó la posición de secretario de la SGHEL, y que a la sazón escribió incontables artículos periodísticos de vital importancia no solamente perfilados a su amada tierra moleprietera, sino a la historia de Tlaxcala en general. Él ha sido el santanero que más ha escrito en éste nuestro Sol; abarcó varios rubros literarios: la historia, la poesía, la crónica, la epigrafía, el cuento, y desde luego el periodismo social y cultural, sin desatender su añeja columna “Perfiles de Chiautempan”, logro que difícilmente pudiera ser superado por alguno de sus paisanos. En cuanto a temas de la SGHEL, él ha sido quien más ha escrito en éste nuestro periódico, firmando como integrante y/o como secretario de la misma. Sus crónicas son, hoy día, casi obligadas para conocer de primera mano la historia de la SGHEL.
También tenemos la incuestionable figura del abogado Antonio Flores Gracia que, aún cuando no tuvo presencia constante, en los inicios fue parte del grupo que generosamente participó, aportando de su propio peculio cierta cantidad (300 pesos de entonces si no mal recuerdo, cada uno), junto con otros 14 consocios, para comprar una fracción de terreno entonces adjunto a la propiedad de la SGHEL para ampliar su extensión original, y dotarla de una segunda salida oficial por la parte poniente de la misma. No olvidemos que Flores Gracia fue la figura central en el proceso de la creación de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, y que varios lustros después, editó su propio libro en el año 2020 La Universidad Autónoma de Tlaxcala, un anhelo alcanzado, en 192 páginas impreso en elegante formato de papel couché mate, y enriquecido con al menos un centenar de fotos; ejemplar que hoy día resulta de colección. En dicha obra editorial, tuve el honor de participar en su estructuración aunque de forma modesta, tal y como se cita en la misma.
En lo tocante a mi persona (santanero también) desde luego que no puedo hacer una breve semblanza de mis aportaciones periodísticas por evidentes razones; hace más de dos décadas ingresé como consocio-SGHEL. Baste decir que a fines de este año, se cumplirán 40 años de haberse publicado mi primera colaboración en este nuestro Sol. Ciertamente se trata de una breve composición -según mi criterio- poética. Tal vez, con el correr de los años, alguien pudiera resumir en estas páginas el modesto trabajo periodístico realizado y firmado como consocio-SGHEL; gran parte del mismo se encuentra en el suplemento cultural semanal “Arteria”, cuyo período abarcó entre el 2007 y el 2017; suplemento que en una década conjuntó colaboraciones importantes; suplemento que, analizándolo con frialdad y objetividad, debería ser retomado, quizá ahora con otro nombre, con nuevos criterios, nuevas temáticas y, desde luego, con nuevos participantes. Tiempo al tiempo…