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Tras varios lustros de festejar el carnaval de Tlaxcala de forma mecánica, repetitiva pues, aunado a las múltiples situaciones multifactoriales que éste venia atravesando, tal parece que a raíz del desfile de carnaval realizado en la segunda semana del presente mes en la ciudad capital, Tlaxcala, se ha marcado un parteaguas que habrá de redefinir, replantear y renovar tan importante festejo tlaxcalteca.
Prácticamente la totalidad de camadas participó en el desfile que da inicio a esta celebración profundamente arraigada en la cultura de la entidad. Los asistentes, propios y visitantes, tuvieron oportunidad de apreciar la extensa gama de grupos de huehues, sus vestimentas, máscaras e implementos cargados de gran colorido; sus bailes llenos de vitalidad, algarabía con toques musicales muy particulares del lugar de origen de las camadas; en suma: un rico mosaico cultural que ha dado presencia y proyección a la entidad tlaxcalteca a escala nacional e internacional. Preciso es recalcar que hace algunos años, no he tenido oportunidad de asistir al citado desfile, más que por ocupaciones personales, por ser un festejo que conozco desde hace más de medio siglo.
Así las cosas, del mismo desfile no puedo opinar, dado que no asistí. Posterior al mismo, empezaron a ser difundidos en redes sociales, múltiples segmentos de videos, fotografías, resúmenes, crónicas y hasta múltiples opiniones grupales que destacaban y resaltaban la presencia de una chica integrante de la Camada El Rosario. Más que el carnaval (en su conjunto), fue la presencia y debut de la “la chica del búho” por varias razones, iniciando por su juventud, dinamismo, por su elegante porte que resaltaba en su justa dimensión la real fisonomía de la mujer tlaxcalteca. Pero por sobre todo llamó la atención por su vestimenta que de primera instancia parecía reducida o incompleta, lo que hacía lucir su anatomía de forma equilibrada sin dejar de cumplir, el traje, su función. Cabe precisar que un búho era la imagen artística que fue confeccionada en el frente del traje, elemento que le dio un realce especial y quizá místico, tratándose del festejo en cuestión.
Este detalle, su vestimenta, fue lo que llamó la atención, en razón de que la danza grupal, en su momento fue solamente eso, la danza de presentación que todos los grupos hicieron en su debut. El traje, a mi parecer no era atrevido, más bien innovador, muy a propósito del festejo, y también acorde a la silueta, gracia y dinamismo de la portadora. Tengo entendido su nombre es Alejandra, aunque para efectos de estas líneas es el que he ocupado como título del presente. He podido consultar, a grandes rasgos, múltiples plataformas informativas, grupales, periodísticas, y el elemento predominante, y el tema de conversación es el traje de la chica del búho. Incluso: se ha viralizado de tal forma que distintas agrupaciones y comercios la buscan para entregarle alguna promoción, obsequio, invitación, viaje turístico, etcétera. Desde hace varios años, o lustros, en lo personal no había visto un acontecimiento de carnaval que hubiera desatado un suceso de tal impacto como lo ha logrado, sin proponérselo, la chica del búho.
Algo que me llama la atención, la chica del búho surge o más bien representa a la comunidad del Rosario, en Yauhquemehcan. Dicho municipio ha venido evolucionando con el correr de los años y de las décadas en cuanto a su vestimenta de carnaval. Gradualmente ha ido cambiando el diseño, las máscaras, la música y hasta la forma de sus rutinas musicales.
En el libro El Carnaval, autoría de Higinio Vázquez Santana y J. Ignacio Dávila Garibai, editado en 1931, he podido consultar en las páginas 111 y 114 algunas imágenes relacionadas con las camadas del barrio de Ocotoxco del mismo municipio, y se aprecia la gran humildad de entonces en cuanto a vestimenta, así como la dispersión o diferencia de cada uno de los danzantes. No había “uniformidad” en la vestimenta. Dicho libro, original, es el único ejemplar que existe en el estado de Tlaxcala, mismo que forma parte del acervo bibliográfico de mi biblioteca particular.
Hoy día, los atuendos de carnaval que distinguen a las distintas cuadrillas del mismo municipio han evolucionado de tal forma, impensable para los danzantes de hace cien años de la misma localidad. Incluso me atrevo a precisar que, concretamente, la vestimenta de los varones, además de estilizada, demasiado elaborada, costosa, y en varios casos sumamente pesada, alcanza niveles de exageración, repito: es una apreciación personal. Por el contrario, las camadas de San Juan Totolac, de Tepeyanco y de Terrenate, por citar solamente algunas, mantienen en su justa dimensión histórica y cultural con el correr de las décadas gran parte de sus elementos ancestrales, mismos que siguen compartiendo en cada festividad. En Ocotoxco, por el contrario, se ha mantenido una línea de cambio y/o adecuación en torno a la vestimenta, que es lo que le da la identidad y dinamismo que hoy día comparten. No digo que ello no sea bueno; sin embargo, hace falta ahondar en estudios carnavalescos del citado municipio.
La chica del búho llegó; entró a la historia con el pie derecho. Ella no necesitó plagiar trabajos relacionados con el carnaval tlaxcalteca de investigadores profesionales para tener presencia en su municipio. Tampoco necesitó ofender con discursos baratos a la sociedad tlaxcalteca para intentar ser alguien. La chica del búho llegó con elegancia, ritmo, armonía, belleza y firmeza a la historia de Tlaxcala. Llegó con esa estrella y ángel que pocas personas poseen, y lo que es mejor, que comparten como una auténtica expresión del multicultural folklor tlaxcalteca que da identidad a escala nacional e internacional.
Pero, por el contrario, con su llegada también surge la imperiosa necesidad de replantear, de analizar, de hacer un alto en el camino histórico de esta, la más importante de las fiestas tlaxcaltecas y valorar si en realidad la misma está atravesando por un período de incertidumbre, de monotonía, de excesos (musicales o alcohólicos) que vienen afectando o estropeando en gran medida la real esencia de las carnestolendas que anualmente se realizan en nuestro estado. Entender el por qué, según entiendo, la cultura oficial ha mostrado poco o nulo interés por apoyar e impulsar a las principales camadas del estado. Los pros y contras de que el reducido centro histórico capitalino se sature con múltiples presentaciones de camadas procedentes de los cuatro puntos cardinales; y/o que se consideren foros alternos para ello. Y lo que mencionaba líneas arribas: el conocer el generoso y encomiable trabajo de investigación que varios especialistas del carnaval hacen y producen; y por el lado contrario: sujetos que despojados de toda honestidad y profesionalismo, jinetean, plagian y medran con trabajos que a todas luces no son de su autoría; situación reprobable, deleznable y cínica que de ninguna manera debe ser tolerada.
Pero bueno: para fortuna del Carnaval en Tlaxcala surge hoy un parteaguas y por qué no, un fenómeno histórico denominado “la chica del búho”, suceso que habrá de ser considerado y/o capitalizado a partir de ya para nuevas presentaciones de los festejos carnestolendos en nuestra entidad. Contla habrá de seguir con ese predominio carnavalero que ocupa hasta hoy; sin embargo, ese liderazgo no precisamente pudiera seguir con cierta solidez y raigambre; nuevas evoluciones están a la vuelta de la esquina y de la historia. En el carnaval, en el período de carnaval hay múltiples licencias, como su propio nombre lo dice; y quien entienda en su justa dimensión el nuevo panorama que tenemos por delante, habrá de asimilar ese crecimiento, esa evolución cultural que, necesariamente toca a prácticamente todas las culturas de todas las épocas. Y Tlaxcala no es la excepción. Bienvenida, chica del búho, a la historia. Has sentado precedente que pocas personas logran; has impactado aún más que reina de carnaval alguna, que yo recuerde. Y tengo la certeza de que esto es apenas el inicio. Al tiempo…