Localmartes, 17 de marzo de 2026
Abigeato, recurrente en Valle de Tulancingo
De acuerdo con testimonios las pérdidas son realmente graves para los ganaderos
Maximiliano Pérez
De acuerdo con testimonios las pérdidas son realmente graves para los ganaderos
Maximiliano Pérez

El robo de ganado, delito conocido legalmente como abigeato, continúa siendo una preocupación recurrente para productores pecuarios del Valle de Tulancingo, por lo que autoridades estatales y municipales han comenzado a reforzar acciones de vigilancia y control en la región. Durante febrero de 2026, dependencias estatales intensificaron operativos y programas de capacitación con el objetivo de detectar el traslado irregular de animales y frenar esta actividad ilícita que afecta directamente a la economía rural.
También para estas acciones la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Hidalgo (SADERH) capacitó a agentes de Movilidad y Transporte para verificar la legal procedencia del ganado durante su traslado en carreteras y caminos de la entidad. La instrucción incluye revisar documentos de propiedad, guías de tránsito y otros requisitos sanitarios y administrativos que acrediten el origen de los animales. Las autoridades señalaron que estas medidas buscan proteger a los productores, ya que la ganadería representa una de las principales actividades económicas para numerosas comunidades rurales del Valle de Tulancingo y municipios cercanos.
De acuerdo con reportes policiales y antecedentes en la entidad, el abigeato suele ocurrir en horarios nocturnos, cuando delincuentes ingresan a potreros o ranchos ubicados en zonas aisladas para sustraer bovinos u otros animales. Posteriormente, el ganado robado es transportado en camionetas o remolques hacia otros municipios o incluso a estados vecinos. En algunos casos, los animales son comercializados en rastros o mercados sin la documentación correspondiente.
Autoridades y productores han señalado que en ciertos casos participan grupos organizados, capaces de sustraer varios animales durante una sola noche, lo que agrava el impacto económico para los ganaderos. El abigeato representa pérdidas importantes para los productores, ya que el valor de cada bovino puede alcanzar decenas de miles de pesos, dependiendo de su peso y calidad genética.
Además del daño económico directo, el delito genera un ambiente de inseguridad en comunidades rurales, obligando a los ganaderos a invertir más recursos en vigilancia, cercado y personal. Aunque el abigeato no ocurre de forma permanente, productores de la región han señalado que los robos se presentan de manera intermitente, por lo que consideran fundamental mantener los operativos y fortalecer la denuncia para evitar que el delito continúe afectando a la actividad ganadera del Valle de Tulancingo.
Para quienes se dedican a esta actividad, el impacto del abigeato no es solo estadístico, sino una experiencia directa que puede significar años de trabajo perdidos. Así lo relata Ermelo Morales Gómez, ganadero de la región con alrededor de 40 años de experiencia en el manejo de ganado.
El hombre recordó y comentó para El Sol de Tulancingo que hace aproximadamente 18 años, tras la apertura de un bulevar cercano a su rancho, sufrió uno de los golpes más fuertes para su patrimonio. “Se llevaron entre 23 y 25 novillos en una sola ocasión. En ese tiempo la carne ya valía cara, así que fue una pérdida muy grande para nosotros”, relató.
El productor explicó que tras el robo presentaron la denuncia correspondiente ante el Ministerio Público; sin embargo, asegura que el proceso fue lento y sin resultados. “Hicimos la denuncia, pero el proceso fue muy lento. Al final nunca se supo nada. Pasó a ser una estadística más”, comentó.
Luego del incidente, la familia se vio obligada a reforzar la vigilancia del rancho, principalmente mediante la contratación de un velador nocturno, aunque reconoce que las medidas de seguridad en el campo suelen ser limitadas por los costos. “Hemos puesto cámaras y más sistemas de vigilancia, pero a veces hasta las cámaras se roban. Lo ideal sería tener todo bien cercado, casi como una fortaleza, pero todo está muy caro”, explicó.
El ganadero también señaló que la expansión urbana en la zona ha reducido los espacios para la actividad pecuaria, ya que la ciudad ha ido creciendo alrededor de antiguas áreas de producción. “Prácticamente somos de los últimos ranchos que quedan por aquí. La mancha urbana ya nos viene alcanzando”, dijo.
A pesar de las dificultades, Morales Gómez afirma que abandonar la actividad no es una opción sencilla para muchas familias. “No sabemos hacer otra cosa. Este es nuestro trabajo y tenemos que estar aquí prácticamente los 365 días del año”, expresó.