Locallunes, 7 de julio de 2025
Alejado de vicios, don Onésimo logró éxito
Aunque todo parecía ir bien, finalmente su vejez la vive en la soltería
Maximiliano Pérez

Nacido en una zona rural de Oaxaca, el señor Onésimo dejó su tierra para comenzar un nuevo camino en la Ciudad de México (CDMX), tenía 15 años, su idea era estudiar para convertirse en docente, pero el camino lo llevó a la industria farmacéutica, donde pasó prácticamente toda su vida, hasta jubilarse.
Alejado de los vicios, formó una familia, hoy, vive su vejez en Pachuca, ocupándose en actividades que realiza en las casas de día, donde ha encontrado la forma de seguir activo. Está sano, es alegre y además un hombre de principios, basta estar con él un rato para confirmar lo dicho.
Onésimo contó para El Sol de Hidalgo que la vida del campo es muy pesada y además en sus tiempos no era negocio. Se fue a la CDMX, pero volvió al enterarse de la muerte de su padre. Tras algunos años más en su tierra mixteca, decidió que su destino tenía que ser en la capital.
Ya tenía 19 años cuando me quedé ahora sí allá (CDMX). Entonces tuve que trabajar para estudiar; en ese momento yo solo tenía la secundaria. Entonces entré a una empresa farmacéutica y ahí me dijeron que tenía potencial; me impulsaron, incluso para seguir estudiando
Ya don Onésimo se había decidido por trabajar y estudiar, pero le ganó el amor: formó un matrimonio y el estudio quedó descartado. Ahora los gastos para mantener el hogar eran la prioridad, pues vendrían dos hijos; un hombre y una mujer. Sus estudios finalmente quedaron en dos años de preparatoria.
A pesar de eso hubo muchas capacitaciones en esa empresa para ir escalando y aprendí muchas cosas sobre los medicamentos. Ya sabía prácticamente de todo: me cambiaban de área continuamente, así estuve trabajando como unos 15 años, haciendo todo tipo de medicamentos. Llegué a ser un supervisor
Haciendo una pausa, recordó la diferencia tan abismal de vivir en el campo y en la ciudad. “Hasta la comida era diferente: mi mamá allá mataba periódicamente una gallina y el caldito, los huevitos, los frijolitos eran diferentes. Aquí en la ciudad me tenía que comer como 20 tortillas para llenarme; allá con tres de las grandotas ya estaba”, agregó entre sonrisas.
Su sueño profesional era ser maestro, docente. Aunque no lo pudo hacer formalmente, se dio cuenta que tenía la vocación nata, pues a su hijo mayor, antes de entrar a la primaria, ya le había enseñado a leer, escribir y un poco a sumar. Eso le llenaba de orgullo.
Tras más de 35 años en la empresa por la que dio prácticamente su vida, un día le mandaron llamar. El aviso era claro: al cumplir sus 60 años ya podía jubilarse; incluso el personal de Recursos Humanos le dijo que su pensión sería más alta que su sueldo. Todavía la pensó tres años y a sus 63 decidió ponerle fin a su vida laboral.
Ya con sus hijos mayores y realizados, buscó la paz con su esposa, pero en el estado de Cuernavaca, donde ambos habían decidido comprar una casa y pasar su vejez. Así fue, pero no por mucho. De un momento a otro la esposa de Onésimo cambió de opinión. Ya no quería vivir ahí por cuestiones de clima y comodidad que no sentía como en la Ciudad de México.
El gasto inmenso de dinero en la casa y la lejanía, hicieron que ese matrimonio de años se quebrara. Dolió tanto, que Onésimo no pudo contener el llanto al contar esto al reportero. Pero recuerda que al final del día decidieron que debían vivir cada quien por su lado.
Onésimo es una persona activa. Comenta que no quiere deprimirse ni estar viendo tele. Por eso se ocupa en actividades que para su edad ofrecen en las casas de día. Incluso pasó por varias desde la CDMX y en Cuernavaca. Después su hijo mayor, quien vive en Pachuca, lo invitó a que viviera cerca de él para no estar tan lejos.
Una vez más Onésimo tuvo que tomar la decisión de migrar, ahora a la Bella Airosa, donde reconoce que el clima le hizo la maldad en temporada de frío. Todavía está pensando incluso volver a su tierra, pues consideró: “Yo no soy ni de aquí, ni de allá”.