Cabe destacar, que en está celebración sólo podían participar los hombres, con el paso de los años, las mujeres se preparan cada año para poder representar su barrio, como reina del carnaval.
Una de las fiestas el carnaval, que se celebra días antes de la Semana Santa con música, danzas y recorridos organizados por los barrios / Eduardo Islas / El Sol de Tulancingo
Santa Ana Hueytlalpan es una comunidad, constituida por barrios indígenas con tradiciones compartidas y propias, la mayoría conocidas y otras poco difundidas, como las “cruces de mayo”, en la que mediante brujos, chamanes, ofrendas y caminatas al cerro de Napateco (al que ellos llaman cerro de Santa Ana), piden a sus antepasados protección y bienestar en la vida terrenal.
Entre las tradiciones de esta localidad tulancinguense, la más conocida se encuentra el carnaval, festividad más representativa que se festeja antes de pascua, y que cuenta con más de un siglo de tradición. Su origen, es una creencia ancestral, se decía que cuando los vientos aumentaban el “Zhitu” (identificado como el mal), exigía una ofrenda o una fiesta, por ello, los habitantes realizan toritos de madera y paja, simbolizando dicha entidad y que deberán destruir el último día de carnaval.
Los conocidos Xitas, forman parte esencial en la tradición, sus trajes de peluche, las máscaras de diablo, son quienes deben de confundir al toro durante el día de la lanzada. También se lleva a cabo la tradicional descabezada, donde los participantes jalan la cabeza de un pollo que se encuentra colgado, quien lo logré, será premiado por los habitantes de cada barrio.
También, algunos habitantes visitan el cerro de Napateco, donde ahí se realizan rituales, danzas y ofrendas, una de ellas, es una cazuela llena de pulque, con chile picado y cebolla que representa la sangre del toro, según algunos habitantes en el cerro reside alguna fuerza.
Sin embargo, existe una práctica poco difundida y cargada de sincretismo, que sus habitantes llaman “las cruces de mayo”, celebración vinculada a las creencias indígenas y a la conexión con los antepasados, donde también visitan el cerro de Napateco para realizar rituales.
De acuerdo con testimonios de vecinos como Benjamín, durante los primeros días de mayo algunos habitantes elaboran cruces que deben ser bendecidas en la misa de las 6:00 de la mañana en el centro de Tulancingo , comúnmente en la iglesia de los Angelitos. El recorrido se realiza a pie desde Santa Ana hasta la cabecera municipal, posteriormente, en otro día, las cruces son llevadas al cerro de Napateco o conocido por la comunidad como cerro de Santa Ana, donde a través de rituales encabezados por brujos o chamanes, buscan establecer contacto con los difuntos.
La práctica, según explica Ivanna, otra habitante, responde a la creencia de que los antepasados pueden brindar protección y bienestar en la vida terrenal. “Si alguien tiene un accidente o enfrenta un problema personal, se dice que está ‘salado’, pero mediante las ofrendas y la comunicación con los muertos puede encontrar alivio y una mejora a su vida”, comenta.
El ritual en el cerro, según a lo relatado, consiste en ofrendar comida, flores u objetos solicitados en las peticiones, tras la ceremonia, se organiza en la comunidad una fiesta que incluye baile, danzas y convivencia, la cual comentan que las familias pueden llegar a gastarse hasta 100 mil pesos.
Una característica particular es que esta tradición debe cumplirse durante cuatro años consecutivos para que la petición sea válida. Después, las cruces son llevadas a las casas para continuar la celebración y finalmente depositadas en el panteón, el cual, aseguran los pobladores, se adorna en estas fechas con mayor esmero que en Todos los Santos.
Además de esta práctica, algunos vecinos relatan que en caminos o parajes de Santa Ana es común encontrar velas y flores, lo que se interpreta como señales de accidentes ocurridos en el sitio y según para evitar más desgracias, se realizan rituales de protección.
Otra creencia persistente en la comunidad es la presencia de brujos y brujas. Ivanna señala que cada vez son más los jóvenes que se autodenominan chamanes, mientras que otros habitantes aseguran que en Santa Ana, siempre ha existido la figura de la bruja, capaz de transformarse en pájaro, animal o incluso en bolas de fuego. Aunque se dice que la gente sabe quiénes son, suele evitarse un conflicto directo y mantenerlo en el anonimato.
Pese a que algunas de estas prácticas contrastan con la fe católica, Ivanna reconoce sentirse orgullosa de ser santanera, sin embargo considera que algunos tradiciones, no son compartidas por todos los habitantes, sin embargo el legado cultural que distingue a Santa Ana Hueytlalpan del resto de Tulancingo es considerado un valor cultural de la identidad indígena que prevalece en la región.