Iglesia de la Merced, ícono arquitectónico de Tulancingo
Comenzó su construcción en 1892 gracias al presbítero José Antonio María Agüero pero luego de su muerte, quedó inconclusa desde 1922
Yulissa Ortiz / El Sol de Tulancingo
La iglesia de la Merced es probablemente otro de los íconos religiosos de Tulancingo por su ubicación, fachada neoclásica, su falta de campanarios y sobre todo, porque quedó inconclusa desde 1922.
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Tiempo después se reanudaron las labores de construcción que resultaron en la capilla que conocemos hoy en día, ubicada sobre la avenida Benito Juárez.
Según se cuenta, la Virgen se les apareció a los tres en momentos separados y después sus testimonios coincidieron en la Catedral de Barcelona, donde acordaron fundar una iglesia dedicada a la misericordiosa que acoge a los cautivos y a su redención.
Años después, la influencia de esta Orden se dejó ver en Tulancingo con la construcción de esta capilla, que celebra a la también llamada Señora de las Mercedes cada 24 de septiembre.
La capilla de una sola nave, construida de mampostería con techumbre de bóveda catalana de ladrillo, recibe luz por ocho ventanas colocadas sobre la cornisa que corre en la parte superior de la nave.
La fachada, el principal atractivo de la capilla, tiene una puerta de madera enmarcada por dos torres inconclusas, que llegan solamente hasta el primer cuerpo y de cada lado dos columnas jónicas.
Siguiendo la visión de esta estructura, el segundo piso no está terminado aunque en teoría contaba con los espacios para los campanarios. La única ventana que tiene, con vista sobre la avenida Juárez, está tapada.
Otro de los aspectos más visibles de su fachada es el escudo que ostenta sobre la puerta de entrada que recuerda al de Club Barcelona, ciudad española de donde proviene la Orden de la Merced también llamada Orden de los Mercenarios.
Con los colores blanco, rojo, amarillo, una cruz de estilo medieval y una corona, muy al estilo español, este escudo simboliza la presencia de la Orden de la Merced, donde sea que se encuentre.
El color blanco simboliza la pureza e inocencia, colocado sobre el color rojo que representa la sangre y la determinación de la iglesia por apoyar la redención. Las barras representan amor y caridad, mientras que el color amarillo es símbolo de la benignidad y nobleza.





















