Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz: ¿qué fue antes?
Huerta del Curato y Capilla a la Virgen de Guadalupe
Portal Azueta
En esa misma época había una plaza de toros provisional y en ese ruedo llegó a presentarse Cantinflas, uno de los personajes más emblemáticos del cine mexicano.
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El Excolegio Guadalupano, Huerta del Curato, Portal Azueta, Cine Olimpia y Antigua Pesidencia Municipal, han sobrevivido al olvido / Eduardo Islas / El Sol de Tulancingo
Tulancingo tuvo monumentos y construcciones que marcaron época y que aunque ya no existen, permanecen en los registros históricos y siguen en la memoria de varios tulancinguenses. De acuerdo con el catálogo del INAH y del cuadernillo municipal, la ciudad albergó edificaciones religiosas y civiles que formaron parte de su identidad urbana.
Entre ellas destaca el Excolegio Guadalupano, que fue demolido para dar paso a la ampliación de la calle Fernando Soto. Durante décadas funcionó como cuartel militar y más tarde se convirtió en la escuela Miguel Hidalgo. Según el historiador y titular de bibliotecas municipales, Rubén Gerardo Pérez García, edificio fue anexo de la Tercera Orden Franciscana y parte integral del proyecto original de la Catedral. Antes de su demolición, también cumplió funciones como cárcel.
Pérez explicó que este colegio cerró en el siglo XX tras los conflictos entre la Iglesia y el gobierno federal. Con las leyes de Reforma, la Arquidiócesis perdió progresivamente varias propiedades, entre ellas el predio que hoy ocupa la calle Hidalgo, dónde se ubica el mercado Benito Juárez. “El gobierno nacionalizó los bienes del clero y los puso a la venta”, señaló; por ello, construcciones que eran parte del conjunto eclesiástico pasaron a manos privadas y se transformaron o desaparecieron.
Muchas edificaciones contiguas a la Catedral, hoy convertidas en comercios, aún tienen la fachada de casonas antiguas relacionadas con ese periodo. Un ejemplo es el inmueble donde ahora funciona la Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz, que en su origen, según el historiador, operaba como una especie de morgue donde se preparaban los cuerpos antes de ser sepultados, también parte de la arquidiócesis.
Otro espacio es la Huerta del Curato, que estuvo ubicada en la esquina de Aldama con 21 de Marzo. También se menciona la antigua capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, que de acuerdo con el funcionario con el tiempo fue modificada hasta convertirse en la conocida “Villita” de la calle Juárez.
Durante años, las familias acudían allí a rendir culto a la Virgen en una capilla más pequeña y sencilla, hoy desaparecida. A ello se suma la capilla de la Tercera Orden, localizada en el atrio de la Catedral y dedicada a San Juan Bautista, cuya demolición ocurrió entre 1957 y 1960.
Sin embargo, los monumentos históricos de Tulancingo no se limitaron a lo religioso. La vida cotidiana del centro estuvo marcada por espacios emblemáticos que fueron parte del paisaje urbano. Uno de los más recordados es el portal Azueta, localizado en el callejón de San Vicente, donde hoy se encuentra un banco.
Los adultos mayores cuentan que ahí había una cafetería, un restaurante, un billar, un boliche e incluso una gasolinera. En esa misma construcción vivieron familias tradicionales como los Durán, Bernay y González. Más tarde, el lugar albergó el expendio del periódico de don Maxiliano Aguilar y después el Hotel México, según recuerda el habitante Fernando Hernández, quien convivió con esa transformación del centro tulancinguense.
Fernando recuerda la presencia del cuartel militar, activo en la década de 1950. Ese espacio era punto de reunión para quienes obtenían su cartilla militar y funcionaba también como centro de arrestos por faltas menores. Hernández relata que los altos mandos generalmente no eran originarios del municipio y que la actividad militar era constante.
En la calle Doria se veía entrar y salir caballos, pues había caballerizas. También había campo de tiro, tribunas y áreas donde se realizaban torneos de basquetbol y voleibol, dónde por cierto, él jugaba. Ese cuartel, ya desaparecido, fue un símbolo según con lo dicho de disciplina y actividad comunitaria, ahora lo conocemos como la escuela primaria Miguel Hidalgo.
También cuenta que entre los recintos más evocadores se encuentra el Cine Olimpia, que por décadas fue punto de encuentro para las familias tulancinguenses. Contaba con luneta, palcos y galería. La luneta era la más cara y tenía asientos forrados en color guinda; la galería, ubicada en la parte alta, era la más económica y también la más calurosa.
Los asistentes recuerdan un pasillo que dividía la galería de los palcos y por el cual algunos jóvenes se brincaban para conseguir mejor vista. Recuerda con emoción que en la cabina de proyección trabajaba Guillermo Pastrana, apodado “cácaro”, quien era llamado por el público cada vez que la cinta se interrumpía, “¡Cácaro, cácaro, la película!, eso gritaban, mayormente los de luneta”.
Los recuerdos también alcanzan la antigua Presidencia Municipal, donde hoy se encuentra el Centro Cultural Ricardo Garibay, una cafetería y la Plaza de la Tecnología. Ese edificio fue durante décadas la sede del gobierno local y parte central de los actos cívicos, hasta su reubicación en la Colonia Nuevo Tulancingo, y que ahora encontramos en San Nicolás.
Cada uno de estos lugares, formó parte del tejido histórico de Tulancingo. Aunque muchos fueron demolidos o reconstruidos, su presencia persiste en catálogos oficiales, archivos históricos y, sobre todo, en los recuerdos con nostalgia de una ciudad antigua.