Para Zuzu, la clave para cambiar esto es la preparación y un cambio de pensamiento. “en Hidalgo hay muy pocas luchadoras verdaderamente preparadas, si queremos ser tomadas en serio, debemos estar bien entrenadas”.
Lilix Miau: la niña dibujanta que hoy pinta sobre piel
“Me mentalicé a qué si me iba a dedicar a esto lo tenía que aprender bien (...) tenía una idea muy romántica de lo que era hacer arte, entre más avanzaba más se me complicaba dar respuesta a la pregunta de qué es el arte”, refiere.
Dispuesta a romper estereotipos: Evelyn Lira, orgullosamente santanera
“Nuestro carnaval, que se celebra en estos días, es un ejemplo de ello. Todo el pueblo está de fiesta y la gente viste su atuendo tradicional”, cuenta Evelyn con entusiasmo.
Sin embargo, lamenta que, como jóvenes, no han podido preservar completamente su dialecto, ya que el español es el idioma dominante, “muchas nos sentimos orgullosas de nuestras raíces, pero hemos perdido parte de nuestro idioma original”.
Evelyn también destaca la discriminación que viven muchas mujeres indígenas sin educación escolar, quienes conservan mucho más de la cultura de su comunidad.
Maggie Bruce, referente del cosplay en Tulancingo
“Me mueve mi familia, mi hija, que mi hija vea que podemos trabajar libremente en lo que más me apasiona. Yo le doy el mismo apoyo que ella me da y seguro que va a llegar muy lejos”
En Tulancingo, así como en otras partes de Hidalgo, aún es muy común que mujeres sean el sostén económico de su casa / Eduardo Islas / El Sol de Tulancingo
Ya sea desde el cuadrilátero, en un estudio entre agujas y tinta, desde uno de los barrios indígenas de la localidad de Santa Ana Hueytlalplan o frente a un espejo y maquillaje, cuatro mujeres tulancinguenses mostraron desde sus lugares de trabajo y de desarrollo, cuál es el papel que juegan en nuestra sociedad.
Más allá de los contextos de cada una, así como de aquellas voces que no han contado su perspectiva nunca, las historias de Zuzu, Lili, Maggie y Evelyn, coinciden en un punto: todas ellas han tomado la rienda de sus destinos y se ganan la vida, como popularmente se dice, haciendo lo que más le gusta.
Las mueve la pasión en un entorno naturalmente hostil para su naturaleza biológica y son particularmente referentes en cada una de sus disciplinas, sea esta la lucha libre, el arte del tatuaje, el maquillaje profesional y cosplay, o el trabajo en campo mientras se prepara para ser diseñadora de modas.
En el mundo de la lucha libre, encontramos a Zuzu Divine, gladiadora tulancinguense y madre, que ha logrado consolidarse como una de las luchadoras más destacadas de Tulancingo. Con 12 años de profesionalismo, ha demostrado que el ring no es exclusivo de los hombres y que las mujeres tienen un papel fundamental en este deporte.
Su nombre, Zuzu Divine, tiene un significado especial: “Zuzu” en náhuatl significa “gran madre” y “Divine” por su carácter divino, una combinación que la define dentro y fuera del ring, ya que su hija la ve como una auténtica superhéroe y la llama cariñosamente “Súper Susi”.
Zuzu tuvo que enfrentarse al machismo desde sus inicios, primero en su entorno familiar: su padre no la apoyó de inmediato y dejó de hablarle durante un año, “eso fue lo que me motivó a seguir avanzando, para que cuando él me viera en un ring, supiera que me iba a apoyar”, recuerda.
Además, en el medio luchístico también ha escuchado que muchos luchadores hombres no quieren enfrentarse a mujeres, y en algunos lugares es difícil ver a una mujer en la lucha estelar. Aunque asegura que en Tulancingo se les da un lugar importante y se permite que peleen contra hombres, se ha encontrado que en otras partes del país la situación es distinta.
Sin embargo, señala que en el gremio femenino también existe una fuerte rivalidad, lo que dificulta la creación de una verdadera red de apoyo entre las luchadoras, “deberíamos vernos como compañeras, no como rivales, si cambiamos esa mentalidad, el círculo femenil sería diferente”.
Zuzu también ha sido testigo de cómo algunos promotores priorizan la apariencia física de las luchadoras sobre la preparación, “hay promotores que prefieren luchadoras con cuerpos atractivos, sin importar si están bien entrenadas, a ellas les dan mejores cosas y mejores pagos, yo me preparo y no recibo lo mismo, pero veo que no siempre es valorado de la misma manera”, comenta.
El desafío de ser madre y luchadora tampoco es fácil, además de entrenar y competir, Zuzu también trabaja y se encarga de las tareas del hogar, “las mujeres llevamos una carga muy intensa”, reconoce, y agradece el apoyo de su madre, quien ha sido fundamental en su vida.
Anteriormente, Zuzu luchaba con máscara, pero tras perderla en una pelea, consideró retirarse. Sin embargo, decidió continuar y descubrió que sin la máscara se sentía más libre y segura de sí misma. Su talento la ha llevado a recorrer la República Mexicana y hasta Canadá, donde ha demostrado su habilidad en el ring.
Con preparación académica en artes, Liliana Chavarín, conocida también como Lilix Miau, es una de las pocas tatuadoras que ejercen en el Valle de Tulancingo. Desde niña, cuando decía que quería ser “dibujanta”, sabía que el destino de su vida profesional debía estar en las artes. No fue hasta como estudiante universitaria y luego de que intervino su propia piel con tinta, que se dió cuenta que el tattoo era el medio de expresión al que volcaría su total dedicación.
Motivada por sus amigos, quienes le enseñaron tácticas y uso de las herramientas, Lili señala que aprendió en poco tiempo a tatuar. Con esta actividad no solo favorece a que tulancinguenses desarrollen su identidad o encuentren una vía de desahogo a través de la tinta, sino que visto como trabajo, es un medio de subsistencia que “le permite pagar las cuentas y me deja tener mis propios horarios para estar con mi hija”.
Al sonido de la máquina inyectando colores al brazo de un joven, Lili cuenta desde su estudio, un espacio minuciosamente decorado con los elementos que más le gustan (cráneos, ilustraciones y objetos referentes a las películas de Tim Burton o de Hayao Miyazaki) que a este sitio llegan muchas personas, principalmente mujeres. Eso se debe a que Lili les inspira confianza para confiarles el que quizá sea el más sagrado de los lienzos: la piel.
Sin embargo, no es un espacio ajeno al acoso que ejercen los hombres. Desgraciadamente, cuenta que en ocasiones, hay personas que la contactan con la supuesta intención de cotizar un trabajo, pero después cambian la proposición. En estos casos, ella prefiere no desgastarse y opta por cortar la comunicación, pues manifiesta que su espacio y su labor son dignas de respeto, el mismo que ella entrega a todas y todos sus clientes.
En el corazón de Santa Ana Hueytlalpan, una comunidad con raíces profundas en tradiciones, Evelyn Lira Del Villar, de 21 años, comparte su historia. Originaria de este pueblo, trabaja en un invernadero de jitomate y dedica sus sábados a estudiar diseño de modas.
Como mujer indígena, se siente orgullosa de sus raíces, reconoce que con el tiempo, su comunidad se ha modernizado, pero sin perder su esencia “nuestra lengua materna y nuestra vestimenta representativa son parte de nuestro día a día y, con cada avance, adquieren un valor aún mayor”, afirma.
Respecto a la vestimenta tradicional, Evelyn expresa que las mujeres deben portarla con seguridad y orgullo por lo que representa, “ya no se usa tanto como antes, ahora es un traje de gala, debido a su elaboración compleja y el cuidado que requiere. Se usa en el carnaval y en la feria patronal”.
Cada elemento del traje tiene un significado especial para ella, la camisa de palomas representa la libertad y el vuelo que tengo como mujer, mi faja color rojo simboliza la sangre, un color que representa fuerza y empoderamiento, lasls nahuas de color oscuro representan profundidad del ser de la mujer”.
“Su objetivo es sobresalir fuera de los estándares tradicionales, donde muchas mujeres esperan solo casarse, quiero demostrar que podemos aspirar a más, sin perder nuestra esencia ni nuestra identidad”, concluye con determinación. del ser de la mujer”.
Instalada en un estudio de maquillaje que levantó producto de su trabajo en esta vertiente artística, Maggie Bruce, como es conocida en el medio y también en sus redes sociales, es una maquillista profesional que no solo le apuesta a la índole social, como bodas o fiestas; su gusto por la expresión a través de la pintura cutánea es solo un elemento que complementa su otra pasión.
Maggie es de las pocas personas en Tulancingo que se dedican al cosplay, actividad artística que consiste en disfrazarse y caracterizarse como un personaje de ficción, sean del mundo del anime, manga, videojuegos, televisión e incluso cine. En tal giro destacó principalmente en plataformas como Instagram o Facebook, en las que ya acumula casi ocho mil seguidores.
“Siempre me decían que cómo me iba a dedicar a eso, que a eso no se le gana, que me consiguiera un trabajo normal. Afortunadamente mi esposo José Alfredo me ha apoyado e inspirado desde siempre. Los vestuarios los hago yo, el maquillaje lo hago yo. No se trata de hacer un personaje nada más que sí, sino porque lo conozco”, explica mientras se caracteriza como Ghost Rider, conocido personaje de los cómics de Marvel.
Con una trayectoria de casi tres años como cosplayer pero en el maquillaje desde que alcanzó la mayoría de edad, ella señala que no hay comunidad tulancinguense en esta disciplina, presume que por cuestiones de “tiempo y dinero”. En su caso, la inversión aunque sí es considerable, no es tan sustancial porque como menciona, ella confecciona la mayor parte de los elementos de sus disfraces.