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Locallunes, 3 de noviembre de 2025

Teresa, la primera mujer sepulturera de Tulancingo

Entrevistada entre las tumbas del Panteón de San Miguel de Tulancingo, aseguró que de la muerte aprendió a valorar la vida

Gustavo Vargas

Por más de dos décadas, Teresa Hernández, ha convivido con la muerte todos los días; pero, su historia, comenzó en 2003, cuando por necesidad tocó las puertas del Ayuntamiento en busca de empleo.

El primer día de trabajo parecía sencillo: retirar flores secas de los jarrones. Pero dos días después, uno de mis compañeros me sorprendió con un Mañana vamos a exhumar

Refirió que esta fue una actividad completamente desconocida para ella que le causó de inmediato temor e incertidumbre.

Gracias a este trabajo he sacado adelante a mis hijas. Por eso siempre estaré agradecida con las autoridades que me dieron la oportunidad

Por esta razón Teresa permaneció, y, recordó para El Sol de Tulancingo que antes de realizar esa primera exhumación hizo una oración y pidió permiso a Dios para llevar a cabo el servicio.

Con orgullo, Teresa, recuerda que fue la primera mujer en desempeñar la labor de sepulturera en Tulancingo, y, aclaró: “No quiero demeritar el trabajo de los hombres, pero quiero dejar claro que nosotras también podemos”.

En 20 años, señaló, perdió la cuenta de las sepulturas y exhumaciones en las que participó; sin embargo, dijo, hubo meses en que llegó a participar hasta en 35 servicios.

Uno de los momentos más difíciles que recuerda fue durante la pandemia de Covid-19.

Teresa narró que hubo días en que trabajó casi 24 horas seguidas.

Una vez llegué a las cuatro de la mañana y ya había cinco carrozas esperando, ese día terminé a las tres de la mañana del día siguiente

Refirió que a lo largo de estas dos décadas laborando para el Panteón, la escena que más la marcó fue la del primer entierro por Covid-19.

Me dolió muchísimo, porque el féretro entró solo, sin familia, sin dolientes. Luego vinieron casos de familias enteras fallecidas la misma semana. Fue una situación traumática

Dos décadas después de aquel primer día, Teresa Hernández, no solo rompió un estigma laboral, se convirtió en símbolo de fuerza, dignidad y respeto en uno de los oficios más humanos, y, dijo muy poco comprendidos.

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