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Análisislunes, 30 de marzo de 2026

La neutralidad que no existe 

El fin de semana pasado estuve en Palacio Nacional, en el Encuentro Intercontinental de Comunicadores Independientes. No fue solo un evento. Fue un síntoma. 

Un síntoma de algo que ya está ocurriendo: la comunicación dejó de ser un simple canal de información para convertirse en un terreno de disputa política. 

Y eso incomoda. 

Incomoda porque rompe con una idea que durante décadas se presentó como incuestionable: la supuesta neutralidad de los medios. 

Pero hay que decirlo con claridad: 

la neutralidad no existe. 

Nunca ha existido. 

Todo ejercicio de comunicación está atravesado por una visión del mundo. Por la historia personal de quien escribe, por su posición social, por su formación, por sus intereses y, sí, también por su ideología. 

El problema no es que eso ocurra. El problema es cuando se niega. 

Porque durante mucho tiempo, los grandes medios construyeron una narrativa donde ellos eran “objetivos” y todo lo demás era “sesgado”. Como si informar no implicara siempre elegir qué contar, cómo contarlo y desde dónde hacerlo. 

Eso también es tomar postura. 

En Baja California Sur, este debate no es ajeno. Existe una crítica constante hacia los llamados medios “oficialistas”, y es válido cuestionar cualquier ejercicio de comunicación que se alinee acríticamente con el poder. 

Pero hay otra conversación pendiente. 

reproduciendo discursos de figuras mediáticas nacionales que representan justamente ese modelo que dicen cuestionar. 

Y no tiene nada de malo tener una postura. Lo problemático es simular que no se tiene 

Aquí nadie es neutral. Ni los que se dicen independientes, ni los que se dicen objetivos, ni los que señalan desde la supuesta imparcialidad. La diferencia es simple: 

hay quienes lo reconocen y hay quienes lo esconden mientras siguen operando. 

Porque entonces no estamos frente a la neutralidad. Estamos frente a una narrativa disfrazada de objetividad.Y eso es más peligroso. 

El ecosistema mediático está cambiando. Los comunicadores independientes están ocupando espacios, las audiencias están fragmentadas y la credibilidad ya no se construye desde un solo lugar. 

Pero ese cambio también implica una responsabilidad. La disputa no es entre comunicación oficialista y comunicación independiente. La disputa es entre quienes asumen su posición y quienes la disfrazan de objetividad para seguir influyendo sin rendir cuentas. 

Si algo dejó claro el encuentro en Palacio Nacional es que la disputa por la narrativa es real. Y en esa disputa, no se trata de quién es neutral y quién no. 

Se trata de quién es honesto con su posición

Porque en un contexto donde la información se convierte en arma política, reconocer desde dónde se habla no debilita el mensaje. 

Lo fortalece. 

Baja California Sur no necesita medios “neutrales”. 

Necesita medios transparentes

Necesita periodistas que investiguen, que cuestionen, que incomoden, pero también que asuman que su mirada no es neutra, que forma parte de una realidad social y política. 

Porque al final, el problema no es que los medios tengan postura. El problema es que durante años nos quisieron hacer creer que no la tenían. Y en esa mentira se construyó una forma de poder. 

Una que no se vota, pero sí se consume todos los días.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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