AMÉRICA, CAMPEÓN DE CAMPEONES
DE LA MANO DE AGUSTÍN MARCHESIN, SE PUSO LA CAPA DE HÉROE AL ATAJAR TRES PENALTIS Y CONVERTIR EL GOL DE LA VICTORIA
Alejandro Alfaro
CARSON, California, 14 de julio.- Los ídolos que perduran para la eternidad forjan su legado con actuaciones memorables, de esas que ni el paso del tiempo borra.
Anoche, Agustín Marchesín decidió ponerse la capa de héroe para darle a América el título de Campeón de Campeones. Le ganó un mano a mano de primer nivel a Nahuel Guzmán y cuando la tensión estaba al máximo, le tocó el turno de patear y anotar.
El choque de los dos mejores de la década fue para América. Las vitrinas de Coapa se vuelven a abrir y pueden gritar que son el Campeón de Campeones.
EL JUEGO
Con una verdadera fiesta en la tribuna, tanto azulcremas como regios presentaron a lo mejor que tienen disponible. La exigencia para uno y otro era la misma: volver con el título a casa.
Las acciones resultaron parejas. Ninguno lograba imponer condiciones totales sobre el otro, aunque fueron los capitalinos los que buscaron con mayor insistencia el arco defendido por Nahuel Guzmán.
Otro lateral pisó terrenos peligrosos. Paul Aguilar casi se mete hasta la portería con el balón controlado; sin embargo, nunca pudo disparar dado que la bola le quedó a la zurda, la de palo para él.
La U de Nuevo León prácticamente no inquietó a Marchesín en el primer tiempo. Las estadísticas confirmaron tres tiros por parte suya, aunque ninguno con peligro real.
Por momentos, los ánimos se calentaron. André-Pierre Gignac tuvo ligeros roces con sus oponentes, aunque todo quedó en un apretón de manos.
Al amanecer del complemento, el arco americanista se puso a temblar. En un tiro de esquina, Bruno Valdez atacó mal la pelota y de no ser por el poste, el autogol se hubiese concretado.
El reloj avanzaba y el gol no caía en ninguno de los dos arcos. La tensión subía en el campo y las patadas cada vez eran más fuertes, así como los conatos de bronca. Nadie cedía un ápice de terreno.
Sobre la hora, la mano de Guzmán fue salvadora de nueva cuenta. Paul Aguilar tomó un rebote y disparó con el pampero descolocado. Nahuel estiró la mano y con las uñas evitó la catástrofe regia y así, obligó a que se patearan los penaltis.
El mano a mano de los porteros resultó memorable, pero en muerte súbita, Marchesín sacó la personalidad, engañó a Nahuel y decretó que América es el Campeón de Campeones.
Redactor web en el periódico La Prensa. También cuento historias con fotos. Me interesan los asuntos de la metrópoli y las emergencias.



























