Ceguera por diabetes: “Una nueva vida”
21% de los pacientes de Diabetes tipo 2 no está en control de su padecimiento
ÉRIKA GALLEGO
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la diabetes mellitus es sin duda uno de los problemas más graves de salud pública en tiempos actuales al alcanzar niveles epidémicos, tal como ocurre en México donde la padecen más de 10 millones de personas.
Leopoldo, “Polo” como lo llaman sus compañeros en la clase de Braille a la que acude los martes y jueves en la Biblioteca Pública del Estado, define a la diabetes como una enfermedad dura e incierta, la cual le quitó la vista de manera rápida.
“Fue un cambio total, muy difícil para mí y mi familia; es adaptarse a algo increíble que además fue relativamente rápido, si caí en depresión y yo mismo dije no es justo, así que decidí aceptarlo y salir adelante”.
Honesto, reconoce que desde joven supo su predisposición a la diabetes, ya que su mamá y hermanos la padecen, aunque por un tiempo decidió no hacer caso a las señales que enviaba su cuerpo hasta que la enfermedad se hizo presente.
Sin excepción, todos los días por la mañana “Polo” se inyecta una dosis de insulina, además de tener estricto control de sus comidas.
“Te ayuda mucho saber que hay otras personas pasando por lo mismo que tú, aprendes e incluso ayudas a otros que apenas están empezando esta etapa de perder la vista”.
En la actualidad, “Polo” forma parte del grupo de débiles visuales que asisten a la Biblioteca Pública del Estado donde recibe clases de manualidades, tai chi y Braille, aunque reconoce que este último es complicado, aunque está decidido a dominarlo.
“A los diabéticos se nos dificulta más la lectura en Braille porque se lee con los dedos, nosotros perdemos la sensibilidad de las yemas de los dedos y es más difícil, no lo he podido dominar, pero le sigo haciendo la lucha”.
UNA CIUDAD NO APTA
Aunque Leopoldo y su familia han radicado siempre en una vivienda de dos pisos, para él no ha sido complicado desplazarse de un lado a otro, pues recuerda exactamente la ubicación y distancia entre las cosas.
Lo realmente difícil ha sido enfrentarse a una ciudad y a una sociedad que no está lista para apoyar a quienes carecen del sentido de la vista.
“Tengo que moverme en taxi porque el transporte en camión no ayuda; las calles y banquetas son complicadas y falta educación de parte de la gente porque a veces se nos complica movernos en algunos lugares”.
























