La fe y la pandemia Covid-19
Como están cerradas las iglesias todos querían tener un altar en su casa, comentó un comerciante del Mercado del Popo
Crisstian Villicaña / El Sol de Tijuana
Tijuana.- Depresión, artritis, sida, cáncer, diabetes, son algunas de las enfermedades que la vela milagrosa de la salud ayuda a contrarrestar, claro, siempre y cuando haya oraciones y mucha fe de por medio.
Durante la pandemia del coronavirus la preocupación por enfermarse creció y con ello la necesidad de ponerse en las manos de un ser supremo o de una figura o estampa que contrarreste los virus o que alivie los padecimientos.
La población mexicana es creyente y en estos nueve meses de incertidumbre de contagiarse de Covid-19 la fe por medio de productos “milagrosos” fue una realidad que los comerciantes observaron.
“Buscan mucho la veladora de la salud. De marzo para acá si habido personas que mencionaron que tenían algún familiar enfermo de Covid”.
“Hay quienes prefieren un tratamiento por medio de veladoras, se van más por el lado de la fe. Prefieren llevarse una caja de veladoras que te vale 636 pesos a un tónico que te vale 130, así está la gente ahorita”, narró.
La veladora milagrosa de la salud cuesta 55 pesos, un precio que puede incrementarse si ésta última es preparada con el nombre de la persona enferma o el propio.
“Se prepara para fortalecer la petición de la persona. Es una vela que piden también para personas con cáncer, que están hospitalizadas o porque siempre andan enfermas y las prenden; más que nada es la fe que le ponen a la veladora”, refirió Jocelyn.
Incluso hay ocasiones en que le sugieren al cliente ir a un médico para atenderse de alguna enfermedad o síntomas, observación que no siempre es aceptada. “Otro día voy al doctor, otro día compro el complemento, prefieren las veladoras”, detalló la comerciante.
“La fe es algo que se alimenta con nuestra palabra, oración, canto. Este virus que hoy vivimos es una prueba que solo Dios puede ayudarnos a vencer, pero hay que tener fe, ser fieles y Dios no abandona”, consideró.
Al tener más de 60 años y diabetes, Rosario no ha podido asistir a la iglesia, optando por hacer de su casa su espacio religioso. “Tengo mi altar donde pido por los enfermos, por la salud de los que estamos”.
“La enfermedad es un padecimiento que no es solo es del cuerpo, también del alma, de la energía, somos seres no solo de carne y hueso, creer en nuestro señor Jesucristo nos da fuerza, nos mantiene con fe”, dijo.
Los comerciantes de negocios donde se venden productos relacionados con la fe y las religiones han sido testigos de cómo a la par de los clientes habituales hay quienes se acercan por primera vez, motivados muchas veces por una cuestión de fe.
“Si hubo personas que no venían o llegaban preguntando por algo que les pudiera ayudar con un familiar enfermo o para ellos mismos; la gente cree mucho en los productos de fe”, comentó Jocelyn.




























