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Locallunes, 26 de noviembre de 2018

Sufrió violencia en “la bestia”

Carlos Alfredo Aguilar viajó desde su natal Honduras a Chiapas para tomar “la bestia” y atravesar México con destino a la ciudad de Tijuana para cruzar a Estados Unidos, en el camino sufrió de violencia física

Luis Carlos Bravo

Buscando salir de la situación de política y social de su natal Honduras, Carlos Alfredo Aguilar decidió emprender un viaje tras el “Sueño americano”, sin saber la experiencia de vida que sufriría en el trayecto.

De 37 años de edad, entró a México por Chiapas para buscar el tren de carga conocido como “la bestia”, al permanecer tres días en un motín, tuvo la oportunidad de alcanzarlo en movimiento, como cientos de migrantes centroamericanos lo hacen.

“Cómo puede uno se cuelga del tren andando, hasta que está arriba y ahí empieza uno el viaje, con muchos otros migrantes, familias completas, niños solos, todos con un mismo fin: llegar a Tijuana para intentar cruzar a Estados Unidos”, contó.

A las primeras horas comenzó el primer saqueo en una de las paradas del tren, “los garroteros nos quitaron el poco dinero que traíamos, la comida y el agua”, literalmente se quedaron con lo que llevaban puesto.

“Me tocó ver a familias separarse o personas que desistieron y se quedaron en el camino por la inseguridad de viajar en el tren, por el hambre o por la incertidumbre”, dijo.

Llegando al Norte de México, según la experiencia de Carlos Alfredo Aguilar, el viaje se volvió más seguro, aunque existieron factores como el cansancio físico, enfermedades y el hambre que hicieron desistir a los migrantes.

“El que se queda dormido se cae, ahí tienes que aprender a estar atento”, compartió, a destacar que de un grupo grande migrantes que iniciaron el viaje sobre el tren, solo pocos llegaron hasta las ciudades frontera.

Busca incorporarse a caravana.

De no tratarse de un trámite fácil de iniciar, no descarta la posibilidad de permanecer en México, por lo que dijo que comenzaría emplearse en Tijuana.

“En una ocasión tuve que esconderme en un río, para que los garroteros no me hicieran nada, desde allí estuve al pendiente de que el tren volviera a arrancar para correr y subirme”, narró.

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