Carrereando la Chuleta / Reeducarnos
Porque lo de todos, curiosamente, es lo primero que abandonamos.
La hipótesis es simple, pero incómoda: no es que falten reglas, es que falta voluntad. Nos gusta exigir ciudad, pero no ejercer ciudadanía. Queremos parques limpios, calles ordenadas, espacios dignos… pero nos cuesta asumir lo más mínimo que nos corresponde.
Y así, poco a poco, lo incorrecto deja de incomodar.
En México, cada persona genera en promedio entre 0.8 y 1.2 kilogramos de residuos al día, de acuerdo con el INEGI. Traducido: más de 120 mil toneladas de basura diariamente. No es un dato menor. Es un espejo.
Pero el problema no es solo cuánto generamos, sino cómo nos desentendemos de ello. Una parte considerable de esos residuos termina en calles, esquinas, espacios públicos. No porque no haya opciones, sino porque muchas veces elegimos la más fácil: dejarlo ahí y seguir.
Y así, lo pequeño se vuelve problema.
Reeducarnos implica aceptar algo que incomoda todavía más: no somos víctimas de todo lo que nos pasa. También somos parte de lo que no funciona. Porque mientras señalamos lo que está mal, reproducimos pequeñas acciones que sostienen ese mismo desorden.
¿En qué momento dejamos de corregirnos?
Tres horas después de un hecho violento, ya hay versiones sin verificar circulando. Cuatro horas después, ya hay juicio. Al día siguiente, ya no importa. Y así, la realidad se diluye entre rumores, exageraciones y una peligrosa costumbre: la de acostumbrarnos.
Reeducarnos también es aprender a detenernos.
No todo es tecnología. No todo es velocidad. No todo es opinar. Hay algo más urgente: el criterio. Ese que te dice que si ensucias, limpias. Que si usas, respetas. Que si tienes un perro, recoges lo que deja. Que si vives en comunidad, te comportas como parte de ella.
Pero el sentido común, hoy, parece un lujo.
Y aun así, seguimos… como si nada.
Reeducarnos no es un discurso. Es una decisión. Es incómoda, porque implica corregirse. Implica aceptar que no siempre hemos hecho lo correcto. Implica dejar de esperar que alguien más venga a arreglar lo que nosotros mismos estamos descomponiendo.
Tal vez no necesitamos nuevas fórmulas. Tal vez necesitamos volver a lo esencial: la educación que empieza en casa, el ejemplo que se sostiene, la coherencia que no se presume, pero se practica.
Porque el cambio no empieza en lo grande. Empieza en lo cotidiano.
En no tirar basura donde no va.
En esperar el camión.
En respetar el espacio público.
En no normalizar la violencia.
En no compartir información falsa.
En pensar en el otro.
Puede no parecer épico. Pero es profundamente necesario.
Reeducarnos no es una opción. Es una urgencia.
Agradezco sus comentarios a ronay.mx@gmail.com

















