Joyas chiapanecas | La Güera Malcriada
Sin tener que decirle nada, como un animalito que infiere los gustos de su amo, mi esposa siguió y sigue depilándose, aunque nunca antes tuvo esa costumbre. Sabe que la prefiero lampiña.
Para que no se olvidara de pintarse el pelo ni de retocarse las raíces, empecé a llamarla “Güera”, que es como todo el mundo la conoce actualmente a pesar de que la Güera es en realidad morena.
Después de que nacieron mis dos hijos, pedí al ginecólogo que ligara a la Güera para no tener más hijos. Al principio ella no quería, pero terminó queriendo. Cuando acabó de criar, la Güera era todavía relativamente joven.
A Dios gracias cada vez me ha ido mejor en la política, y después de haber empezado como el infeliz chofer de un licenciado, terminé de director, de diputado y hasta de secretario de estado.
Obviamente la Güera tenía que superarse y me propuse transformarla. Primero hice que le arreglaran los senos y las nalgas, así como la cintura y las piernas, mediante carísimos implantes y lipoescultura.
También le hicieron una rinoplastia, y le moldearon los pómulos, los párpados y el mentón, además de las correspondientes sesiones de bótox para disimular algunas incómodas arruguitas que empezaban a notársele.
Alguien me dijo que en Suiza se practicaban novedosos métodos para aclarar el cutis, pero eso no sólo se me hizo una exageración, sino la posibilidad de causar un daño irreversible en la salud de la Güera.
El fin de semana pasado, un matrimonio de la élite más poderosa de Chiapas nos invitó a una fiesta de jardín en su casa, y la Güera causó sensación cuando llegó ataviada con un veraniego vestido color magenta y espectaculares joyas de plata labrada, diseñadas por William Spratling, que compré en una subasta de Morton.
“Güera ¿podrías traerme un trago?”, le pregunté en determinado momento, y ella me respondió que no, que para eso estaban los meseros, que ella había ido a divertirse no a servir de criada. La tomé bruscamente de los brazos y con tono amenazante le pregunté: “¿por qué has cambiado tanto, Güera?”
















