Odiseas Posmodernas / Mejor leo
Los libros ya no están ordenados por temas ni por autores, sino por urgencias incumplidas. Cada uno es una promesa que no sostuve. Abro uno. Lo elijo sin criterio claro, quizá por culpa, quizá por azar. Lo abro y, antes de leer, aparece otra pregunta, como si el acto de leer necesitara siempre una antesala: ¿qué música podría acompañar esto?
Música clásica, pienso. Algo de fondo, algo que eleve la experiencia. Luego dudo: tal vez blues, algo más íntimo, más acorde con la sensación de deuda. O rock, marimba, una identidad sonora que me devuelva a lo propio, a lo cercano. Pero cada opción implica una decisión, y cada decisión es un pequeño retraso. Al final, elijo nada. Mejor leo.
Es, quizá, algo más incómodo de aceptar. La imposibilidad —cada vez más cotidiana— de estar en un solo lugar. Aunque ese lugar sea, simplemente, una página.

















